Terapia Gestalt. La vía del vacío fértil

Extensa reseña de un libro de cabecera, que hace años que leí…

 

terpai gestalt la via del vacio fertil

Peñarrubia F., TERAPIA GESTALT. La vía del vacío fértil. Sexta reimpresión. Madrid: Alianza Editorial; 2015.

 

“La mayoría de los hombres modernos vive en un «trance verbal».
No ven ni escuchan, y el despertar toma bastante tiempo.”
Fritz Perls

Situación

Este libro se encuadra en el género didáctico-ensayístico y combina tanto la expresión objetiva como la subjetiva, dando como resultado un ensayo-manual básico para la introducción del lector en la comprensión de la Terapia Gestalt.

La presente obra, la central entre las del autor, es la que se ha erigido, ya desde su primera edición en el año 1998, como el manual o ‘libro de texto’, guía  fundamental de referencia, en lengua hispana y de autor español, en el ámbito de la Gestalt. No en vano, Francisco Peñarrubia es unos de los grandes pioneros de la Terapia Gestalt en España.

A este texto le completarán con posterioridad Círculo y Centro. El grupo gestáltico (Ediciones La llave, 2014), reflexión  sobre la potencia del grupo en el trabajo terapéutico gestáltico; y La relación hurtada. En busca del padre (Ediciones La llave, 2017), donde “no aborda la paternidad de manera genérica, sino la particular relación entre el padre y el hijo, dos varones con dificultades de encuentro, de conocimiento y de transparencia emocional[1].

La presente edición constituye en realidad una reimpresión, la sexta, de la 2ª Edición (la primera, como ya he comentado, aparecida en 1998, y la  segunda en 2008).

Prologada por Claudio Naranjo, se estructura en tres partes, un epílogo (Panorama histórico de la Terapia Gestalt), un apéndice (Historia subjetiva de la asociación Española de Terapia Gestalt, Las limitaciones de la Terapia Gestalt –del terapeuta, del paciente, del encuentro-, Directorio de escuelas de formación en Terapia Gestalt), y bibliografía.

 

En la primera parte, Los contextos de la Terapia Gestalt, Peñarrubia nos ofrece una visión general de los orígenes y fuentes de esta orientación terapéutica. Una introducción personal; una cronobiografía del creador de la Terapia Gestalt, Friedrich Salomon Perls; la influencia de la Psicología de la Forma o de la Gestalt o del Psicoanálisis (Freud); y sobre todo, la influencia de determinadas personas y su visión: Wertheimer, Goldstein, Lewin, Zeigarnik, Jung, Rank, Ferenzci y sobre todo, Adler, Horney, Reich.

Y todo ello sin olvidar ‘las otras fuentes’: el teatro (Reinhardt, Goodman, psicodrama); Levy Moreno; Friedlaender; Husserl (Fenomenología); el Existencialismo (Heidegger, Kierkegaard, Binswanger, Frankl, Sartre, Tillich, Buber, Rollo May); Korzybski (semántica general); Smuts (holismo); Rogers (Humanismo); el Zen o el Chamanismo.

En la segunda parte, se centra en las Bases de la Terapia Gestalt, la técnica unida a la actitud. Desde unos básicos ‘preceptos’ o principios, a la Escucha Gestáltica, El Darse Cuenta, las Polaridades, la Neurosis y sus Mecanismos, el Ciclo Gestáltico, la Técnica, el Trabajo con Sueños y Psicofantasías.

Y ya en la tercera parte, la más subjetiva si cabe, constituye una serie de Reflexiones sobre el terapeuta y su oficio, con atención al terapeuta o a la relación terapéutica (la implicación del terapeuta; la sexualidad o la agresividad en la relación terapéutica; la trasparencia y la transferencia/contratransferencia; el encuadre y contrato, el diagnóstico: el entrenamiento; la supervisión); pero también al Grupo (gestalt en grupo, gestalt de Grupo, gestalt grupal…); al trabajo corporal (influencias o aportaciones de Reich, Alexander, Gindler, Jacobson, Laura Perls, Selver, Rolf); a la espiritualidad (psicología transpersonal, trascendencia…); y finalmente al arte y la creatividad en la terapia (el terapeuta como artista).

 

Primera parte: Los contextos de la Terapia Gestalt

 

Conocí la terapia gestalt de forma casual en el año 1974. Estaba en los últimos años de mis estudios de Psicología, bastante desanimado por el desajuste entre lo que me llevó a estudiar esta carrera y lo que había recibido en la Facultad: nada de Psicoterapia, al menos desde el punto de vista introspectivo y de autoconocimiento…”

 

Así comienza este libro, con ese párrafo introductorio, de sabor amargo, que constata la reiteración de la idealización de un sueño, pese a que pasen los años y los planes educativos varíen… Porque yo, a años luz de Peñarrubia, también comencé nuestra carrera sin “…vocación de «científico» ni de investigador de la conducta humana…”, creyendo que eso de estudiar Psicología tenía más que ver con el conocerse y con el ayudar a otros a hacerlo, desde una visión holística, integradora, humanista… Y por el camino me fui perdiendo, ante la visión de una profesión más preocupada de ‘parecer científica’, que de ahondar en el mejoramiento y la ‘curación’ auténtica de la persona. Querer asimilarse a la medicina tradicional y oficial, y alejarse del marchamo de pseudociencia, por una posible orientación trascendente, es lo que conlleva.

Yo no tuve tanta suerte como Peñarrubia. Ni tampoco fui capaz de ver más allá de un ceniciento sendero transitado por otros antes que yo: el que me llevaba hacia la negación de mí mismo más que hacia mi sanación…

hn esta primera parte de la lectura me ha sorprendido gratamente el heterogéneo corpus del que bebe la Terapia Gestalt: sin tabúes, sin restricciones. Y me ha agradado enormemente que fuera edificada sin una estructura normativa teórica rígida y anquilosante.

Pero quizás lo más resonante para mí, y que más me ha impresionado ha sido, al sobrevolar la biografía de Perls, aceptar que un ser humano con sus carencias, limitaciones, daños, ‘faltas y pecados’, pudiera alumbrar semejante técnica y conducir a otros hacia la liberación… Quizás porque partía de una visión idealizada de la figura del terapeuta, pensando que quien camina por la vida con una gran mochila de piedras a la espalda, o de ‘errores y pecados’, poco podría aportar a la sociedad…

Ver a ese Perls ‘humano, demasiado humano’ (que diría Nietzsche), con sus problemas de pareja, de enfrentamientos matrimoniales, infidelidades, deseos; envidias y celos profesionales; su tardía llegada ‘al camino’;  sus drásticos cambios de vida, sin importar la edad; sus fracasos, sus rechazos y dificultades;…

Sí, para mí, de esta primera parte, independientemente de la riqueza intelectual que me procura el conocer los orígenes, los antecedentes, las fuentes, de la Terapia Gestalt, sin duda alguna, lo más nutritivo y sanador, a nivel emocional, es ver a ese Perls abrumadoramente humano, que me reconcilia conmigo y me abre las ventanas a la posibilidad de ser terapeuta, de ser válido en la ayuda, en el acompañamiento, pese a mis innumerables taras, deficiencias e incapacidades.

También me resulta interesante corroborar la idea que tengo de cómo, por lo general, nadie ‘inventa’ algo de la nada, sino que siempre nos basamos en el conocimiento y las experiencias tanto propias como de otros (lo cual, a mi entender, no contradice la tesis de Kuhn que puso en entredicho el paradigma del progreso acumulativo de la ciencia, en pro de las pequeñas revoluciones surgidas ante las contradicciones de la praxis… En nuestro caso, existen técnicas, modos de terapia, que se aplican y que aun funcionando adecuadamente, no dan respuesta total o no resuelven completamente los interrogantes de la existencia individual, por lo que se revisan, se seleccionan, y se sinergizan).

Es decir: solemos hacer una mélange,  combinando a ser posible ‘lo mejor’, o lo que más acorde resulta con nuestras aptitudes y actitudes, preferencias, etc., en un ejercicio de singular sincretismo y eclecticismo, para dar a luz una nueva corriente, técnica, método, que saca provecho de lo ya existente, mejorándolo (nihil novum sub sole, y uno más uno son más que dos).

Y es eso precisamente lo que se ratifica con Perls y la Terapia Gestalt: Fritz, bebiendo de diversas fuentes, experimentándolas en sí mismo y en sus pacientes/clientes, y jugando con ellas, toma y deja, aquí y allá, de esto y de lo otro, y extrayendo la esencia de cada una de ellas, las mezcla, bate, agita, ceando una nueva  sustancia, dotada de corporeidad e identidad propias.

Resumiendo. Esta primera parte:

  • Me estimula intelectualmente.
  • Me ratifica en mi visión del progreso científico.
  • Lo que es más importante de todo: Me reconcilia conmigo mismo, como ser humano, Errare humanum est, y me abre las puertas a perdonarme y seguir avanzando.

 

Segunda parte: Bases de la Terapia Gestalt

Ya desde el comienzo de esta parte, vuelvo a conectar con la reconciliación y la pacificación de mi espíritu, retorno a acallar las dudas, a apagar los fuegos que encienden ciertas percepciones tendenciosas:

“Existe la moralidad en el organismo. Bueno y malo son respuestas del organismo. Pero por desgracia, la ‘etiqueta bueno o malo’ es luego proyectada al estímulo; entonces, aisladas y fuera de contexto, estas etiquetas se organizan en códigos de conducta, sistemas morales, a menudo legalizados y conectados con creencias religiosas” Perls.

No puedo estar más de acuerdo. Quizás porque los sistemas morales externos, impuestos, provenientes de la Ley o de la Religión (sea esta cual sea), nunca han sido bien acogidos por mí. Rebelarme contra los corsés de lo ‘socialmente correcto’, a pesar de quedarse en numerosas ocasiones dentro de mí, forma parte de mi ADN.

Las leyes son normas culturalmente condicionadas, y los mandatos morales religiosos son aberraciones, atentados contra el individuo, cortapisas impuestas por un colectivo que, pretendiéndose moralmente superior, se cree con derecho a juzgar a otros, a medirlos con su mismo rasero, cuando generalmente, esos mismos hipócritas que presumen de ‘moralidad’ y se dan golpes en el pecho, o se rasgan las vestiduras, son los más amorales y antiéticos.

Y luego está, por si fuera poco en nuestra cultura occidental, el grave trauma personal y social causado por el cristianismo/catolicismo, proveniente ya del judaísmo… El sentimiento de culpa (pecado/pecador) inoculado durante generaciones y generaciones (terrible concepto, que castra al ser humano). Culpa omnipresente, desde el momento de nacer, en el que el Pecado Original nos marca… Edificar una sociedad sobre el sentimiento de culpa, es ya toda una afrenta a la vida. Y señalar a unos como santos y a otros como pecadores, a unos como amados por un Dios, y a otros como despreciados por él, y condenar a estos últimos en esta vida, es poner a unos hombres por encima de otros, convertir a unos en superiores a otros. Una forma como otra cualquiera, de dominación y control social.

Por eso me hace respirar libremente esa visión de Perls, esa “moralidad más allá del bien y del mal” de la que habla Naranjo, y que nuevamente me lleva  a Nietzsche en Más allá del bien y del mal: «No existen fenómenos morales, sino una interpretación moral de fenómenos…» o «En todos los lugares de la tierra donde hasta hoy se ha dado la neurosis religiosa, la hallamos unida a tres peligrosas prescripciones: soledad, ayuno y abstinencia sexual… uno de los síntomas más corrientes de dicha neurosis… es un deseo repentino y desenfrenado de deleites carnales… que acaba desembocado… en convulsiones de penitencia y en una negación de la voluntas.»

Preceptos gestálticos… sin juicios de valor, autojustificaciones, racionalización de necesidades y sutiles manipulaciones en forma de consejo sobre lo que se debe o no hacer… (Peñarrubia)

Si algunos mandatos siento como propios, como que podrían emanar de mí mismo sin ser impuestos desde el exterior, como no entrando en conflicto con mi verdadera (y casi aniquilada esencia), son precisamente algunos de los que la filosofía de la gestalt establece: el presente; la atención y aceptación de la experiencia; la responsabilidad; el que el terapeuta es su propio instrumento; y que la terapia es demasiado beneficiosa para limitarla  los enfermos…

 

Presencia – Estar Consciente Responsabilidad

En cuanto a lo que se refiere a la Escucha Gestáltica, El Darse Cuenta, las Polaridades, la Neurosis y sus Mecanismos, el Ciclo Gestáltico, la Técnica, el Trabajo con Sueños y Psicofantasías… esta es la parte en la que el libro se constituye en auténtico Manual, lo que agradezco por la sencillez con la que los conceptos se encuentran explicados, por la claridad expositiva y la simplicidad en general, sin rodeos ni artificios.

 

La Escucha Gestáltica

Si la escucha externa no me llamó la atención, quizás por hallar resonancias de la misma en la PNL (tanto la parte de comunicación verbal como de la no verbal), sí me resultó chocante el requerimiento de la escucha interna, que siempre había considerado como un escollo en la escucha del otro. Tener en cuenta lo que me está pasando a mí, ser consciente de mi experiencia interior mientras atiendo al otro, y que ello sirva para ayudarme a comprenderlo, me resultó impactante…

Me ha resultado también muy revelador el adoptar ciertas reglas en la comunicación: hablar en primera persona y en tiempo presente; responsabilizarse de la expresión; sustituir el «pero» por el «y»; sustituir el «por qué» por el «cómo»; evitar las preguntas y convertirlas en afirmaciones.

Por mi parte, el «pero»  ha dominado, pese a que en el Ejército existía la norma de “Ni peros, ni ‘esques’”… Y por otra parte, llegó un momento en mi vida en el que para dotar de mayor entidad a mi negocio, adopté tan a rajatabla la forma de lenguaje que en branding y gestión de marca recomendaban, que en toda comunicación  hacía referencia a “Nosotros…”, “En nuestra empresa…”, etc. Llegando a perder la absoluta individualidad y por ende la responsabilidad, haciendo extensiva la pérdida de responsabilidad a muchos ámbitos…

 

El Darse Cuenta

Awareness – Tomar conciencia – Percartarse

El concepto de darse cuenta me resultó chocante en un principio. No lo comprendía desde la visión del intelecto. La comprensión me ha llegado tras la praxis a raíz de la realización de sucesivos talleres, en los cuales la paradoja toma forma: ver lo ciego que he estado (y que todavía sigo estando). Me ha resultado dura la aceptación de vivir una vida de fantasías, percepciones erróneas, condicionamientos que marcaron mi forma de ser en el mundo…

 

Las Polaridades

Al leer sobre las polaridades y el punto 0/nada/punto de indiferencia creativa/centro/vacío fértil, tratando sobre el autoconcepto, me ha surgido la tristeza, incluso he dejado correr algunas lágrimas, en una especie de purificación melancólica y esperanzadora. Quizás porque desde que comencé con mi propia transformación, si una cosa me quedó clara pronto es que no sabía quién era yo… Quien yo pensaba que era, estaba destruyéndolo todo a mi alrededor, incluso a mí mismo…

Descubrir que puedo ser otra ‘cosa’ a lo que externamente he sido y he creído ser, ser yo mismo, el auténtico yo (esa persona a la que hoy todavía no conozco bien, a la que estoy descubriendo), me da infinitas posibilidades de ser, me concede flexibilidad, ligereza, me descarga de rigideces y movimientos pautados, me libera de acciones robotizadas, mecánicas, previsibles… Me permite ser en cada momento casi que diferente, según el campo… sin límite para pensar, actuar…

Me permite sorprenderme a mí mismo con lo que puedo pensar o hacer, en el siguiente instante… Sí, creo que el concepto que mejor define lo que estoy experimentando, lo que me está ocurriendo, es que me estoy sorprendiendo a mí mismo. Si ayer me aterraba no saber quién era yo, hoy gozo con descubrirme cada día siendo en el mundo con la cada vez mayor libertad de ser.

Leyendo, este apartado, me ha fascinado la concepción del enfoque gestáltico no como una visión intrapsíquica, sino cono dialéctica organismo-medio, de la polaridad contacto-retirada y de la retirada concretamente desde los ámbitos organísmico, emocional e intelectual; y la metáfora de la mano. Sencillamente fascinante. Fascinante. Me ha dibujado una sonrisa en el rostro mientras mantenía los ojos abiertos como platos y las cejas arqueadas hacia arriba…

 

La Neurosis

Me siento plenamente satisfecho con el enfoque de la neurosis en términos de mayor o menor grado de conciencia, y no desde criterios patológicos. No podría estar más de acuerdo, y no lo hago desde el intelecto, sino porque siento que esa perspectiva es más acorde con el ser humano y su salud, su bienestar, y es así pues una postura más higiénica en lo mental, en lo emocional, y en lo corporal. La neurosis desde la educación, y no desde la medicina… ¡Fantástico!

La neurosis como “fractura de la autorregulación organísmica”, como “oscurecimiento de la conciencia”, como “deterioro del darse cuenta” en distintos grados…

Me resuena de forma también potente el concepto autorregulación/auto-actualización/transformación organísmica, perfectamente recogido en Horney, que es la forma expresiva más clara para mí:

“…no se necesita una camisa de fuerza interior con la cual dominar la espontaneidad, ni el látigo de los dictados interiores para impulsarnos a la perfección”.

Fundamental me resulta conocer las cinco capas de la neurosis de las que habla Perls, como guía para poder reconocer-me sobre el terreno que voy transitando, y seguir avanzando. Y por supuesto, haber comenzado a trabajar la polaridad ‘perro de arriba / perro de abajo’ sin ver connotaciones negativas en ninguno de los polos, sino entendiendo la integración, el juego existente en mí, y no pretendiendo establecerme en la norma o en lo que es justo, no tomando partido en una batalla desintegradora, sino en un entender la situación desde una visión integradora. Me resulta curiosa y sanadora la concepción de Naranjo, del topdog como “un colaborador al servicio del crecimiento”, siempre y cuando contacte “con la motivación profunda de querer ayudar”.

 

Mecanismos neuróticos

Capítulo esencial desde el punto de vista teórico, y en su aplicación práctica: Introyección, proyección, confluencia, retroflexión, deflexión, proflexión, egotismo.

 

El Ciclo Gestáltico

Fundamental. Veo el Ciclo como una herramienta interesante para descubrir bloqueos, y por ende mecanismos neuróticos.

Trabajar cada uno de ellos, y hacerse cada vez más consciente de sensaciones y necesidades, ‘aguantarse’ menos cosas, necesitar menos para satisfacerse, y hecer lo que sientas necesita hacerse, en la mayoría de las circunstancias.

 

La Técnica

Fundamental hacerse con un ejemplar de El darse cuenta, de John O. Stevens… Después, iré soltar las muletas… y dar paso a la creatividad.

 

El Trabajo con Sueños y Psicofantasías

Considero el trabajo con sueños y fantasías dirigidas parte importante del proceso terapéutico, donde no hay nada que dejar sin explorar, y todas las técnicas y procedimientos son válidos, útiles, y aportan información al paciente.

Resulta sorprendente, en el trabajo con los sueños, ver hasta dónde se puede llegar en este tipo de trabajo. Quizás sorprenda más por venir contaminados por la costumbre social de ‘interpretar’ los sueños en cierta forma y manera que nada tiene que ver con la gestáltica. Precisamente esa ausencia de interpretación, ese dramatizar el sueño, e ir reviviéndolo y descubriendo en él ciertas verdades, solo por el mero hecho de explorarlo, vivenciarlo, darle vida, continuarlo… sin interpretaciones fantasiosas o intelectualoides… y que el mismo paciente vaya ‘viendo y entendiendo’ el mensaje del sueño, eso, eso es lo maravilloso. Cómo desde una perspectiva ‘tradicional’ del sueño, le damos una interpretación… que nada tiene que ver con el verdadero mensaje que representa. Y cómo su mensaje no es algo que venga dado desde fuera, sino que surge del soñador y para el soñador.

He trabajado sueños con pacientes, y no deja todavía hoy de sorprenderme cómo los derroteros que el sueño va tomando (con una guía simplemente para que el soñador no interprete, racionalice o evada, no ‘corra’ en ciertas ocasiones, etc.), van revelando un mensaje que, desde la luz de la razón o de la interpretación, jamás habría sido accesible, nunca habría tenido cabida.

 

Tercera parte: Reflexiones sobre el terapeuta y su oficio

Discernir claramente entre la subjetividad y el hacer un uso adecuado y terapéutico de mí mismo… Ser el propio instrumento, sin que en ello se trasluzca narcisismo, subjetividad, y ausencia de ‘ciencia’…

Chocar con ‘el ideal’ de terapeuta… El modelo, el prototipo perfecto… Leer  que “Es utópico hablar de un terapeuta ideal”, “También es utópico definir cuál es el grado óptimo de implicación…”.

Cuando se trata de la agresividad y la sexualidad, veo la parte referente a la primera, y me siento con capacidad de hallar el punto de equilibrio, o de darle espacio al paciente para que la explore (recuerdo el caso de una persona a la que acompañaba en el transcurso de un trabajo con respiración holotrópica: un hombre que había sido toxicómano, lleno de tatuajes, con un historial familiar de maltrato terrible, y con una energía tan potente que los dos colchones que se interponían entre sus puñetazos de auténtica rabia, impotencia y desesperación y mi cuerpo parecían papel de fumar…).

Y respecto a la sexualidad… Alguien que se aprovecha de una situación de ‘superioridad’ en virtud de una cierta indefensión del cliente/paciente, que se encuentra con dudas, labilidad emocional, desprotegido, e incluso puede que en su neurosis busque precisamente el contacto sexual, y luego se arrepienta de lo ocurrido… No. No es admisible, ni desde un punto de vista de mi ética personal, como desde la deontología que marca el camino de un psicólogo.

La revisión posterior de temas como la transferencia y la contratransferencia me han arrojado algo más de luz al respecto, y mucha más las citas de los Polster, y además en relación no sólo a la sexualidad, sino a todos los otros asuntos, temas, cuestiones que puedan surgir en la relación terapéutica:

“A veces el terapeuta está aburrido, confuso, divertido, enojado, consternado, excitado sexualmente, asustado, acorralado, inhibido, abrumado, etc. Cada una de estas reacciones dice algo acerca de él y del paciente y sintetiza muchos datos vitales de la experiencia terapéutica. Para alimentar esta experiencia bastará que describa la suya y siga hasta el fin los efectos que sus observaciones puedan tener sobre la interacción… Importa, además, que el terapeuta trabaje libremente, pues de otro modo se arriesgaría a estropear su principal instrumento, que es él mismo…”.

“Será asunto suyo (del terapeuta) tomar consciencia de esta característica y aceptar esta toma de consciencia como parte de la corriente terapéutica”.

Y también en la de Yontef:

“La terapia gestáltica ha enfatizado desde sus inicios la importancia del darse cuenta y responsabilidad del terapeuta… que estará siempre abierto a considerar su responsabilidad y rol en lo que está ocurriendo. Este auto-darse cuenta…”

Me quedo también con la idea de que “la gestalt ha contribuido más que ningún otro abordaje, a liberar a la terapia de técnicas y roles fijos… creer en la primacía del encuentro por encima de cualquier otra cosa”.

En cuanto al trabajo grupal, de grupo, en grupo. No requiero grandes pruebas para llegar a la conclusión más obvia de todas, por la experiencia vital que he tenido a lo largo del teiempo: sin el grupo, una ‘iniciación’ y trabajo tan profundo, tan revelador, tan rico en matices, sería prácticamente imposible.

Las teorías grupales de Schindler y Foulkes me resultan curiosas intelectualmente, por su orientación.

En relación a los temas que el libro toca, y que tienen que ver con Encuadre, Diagnóstico, Entrenamiento, Supervisión, estos me nutren de la teoría necesaria que llevar a la praxis.

Referente al Trabajo Corporal, y en base también a lo experimentado por mí, considero imprescindible la movilización corporal, la atención al cuerpo, y abogo por un enfoque integrativo como el de Naranjo, con las técnicas/metodología que sean precisas (en alguna ocasión ya he dicho que la vía que suelo escoger ante las elecciones son el sincretismo y el eclecticismo, en aras del pragmatismo).

Ya en el capítulo 18, que hace mención a La Espiritualidad, no puedo estar más de acuerdo con el presupuesto con que se inicia, aunque yo continúo poniéndolo en presente, porque en pleno siglo XXI:

Hablar de trascendencia y espiritualidad ES sinónimo de pensamiento no científico…

Esa es la lacra con la que debemos cargar. Y pese a ello, me alineo con la corriente de una Psicología Humanista, Transpersonal, pues en ninguna otra corriente ‘más científica, podría encajar, no ya mi acervo de conocimientos y experiencias, fruto del mencionado eclecticismo/sincretismo, sino mi más profundo sentir. Si seguimos a Wilber, del nivel existencial hacia arriba… sin límite.

Finalmente, cuando se habla de la imprescindible comunión entre la Terapia y el Arte, conceptualizando al terapeuta como un artista, me llena de  ilusión infantil: liberarme de pesadas cadenas de rigidez y formalismos, y dar rienda suelta a la creatividad, al juego… una vez disuelto el autocencepto (“Anoche cuando dormía, soñé ¡bendita ilusión!…” ), liberado mi ser del conocimiento intelectual y entregado en cuerpo y alma a la receptividad.

 

[1] Reseña del editor.

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Acerca de Raúl Tristán

Psicólogo Col. Nº A-03021. Psicoterapeuta
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