El arte de vivir, Thich Nhat Hahn

El arte de vivir

Un torbellino ante Thich Nhat Hahn

Un torbellino ante Thich Nhat Hahn

Mi vida ha sido un torbellino arrollador de crisis vitales. A lo largo de todos estos años, la mayor constante, la única referencia absoluta, era yo. Todo lo demás a mi alrededor giraba, se desplazaba, llegaba y desaparecía.

Lo que ayer era nada, hoy lo era todo, y mañana volvía a ser de nuevo nada, tan solo un recuerdo efímero, una brizna de hierba cortada en el prado, una hoja seca llevada en volandas por el viento…

Lo que ayer cobraba la mayor de las importancias, hoy era un asunto trivial, y mañana tan sólo una línea más a añadir a un extenso currículo que se extendía y extendía, como queriendo abarcar hasta más allá de la columnas de Hércules.

Sólo yo como referencia, en un océano de dudas, en un movimiento sinfín de la veleta, en una desaforada carrera hacia el abismo, en un caminar sin rumbo, en un andar buscando la salida de la habitación con una venda puesta ante los ojos…

La única referencia, yo… cuando trágicamente no sabía ni quién era ese yo que se empeñaba en ser el supuesto dueño de mi vida, pretendiendo guiar mis pasos de forma errática, ebrio de soberbia, de insatisfacción, de ignorancia…

Thich Nhat Hahn el arte de vivirTras decenas de máscaras arrojadas al fuego, de unos cuántos muchos prejuicios y clichés echados por tierra, y de varias armaduras herrumbrosas (pero que aparecían hermosas a mis ojos) desmontadas pieza a pieza, y enviadas al herrero para reconvertirlas en trajes verdaderamente útiles y capaces de adaptarse a las circunstancias, aquí estoy, hoy y ahora, frente a uno de esos grandes maestros con los que, cada cierto tiempo, la humanidad tiene el privilegio de compartir espacio y tiempo, esos dos conceptos tan vacuos como irreales.

Sentado en mi escritorio, ante mí se abren las páginas del (pen)último libro del maestro zen Thich Nhat Hahn, El arte de vivir, editado para España por Urano. «Elige la paz y la libertad. Aquí y ahora», reza el subtítulo.

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Homo quaerens, ser humano en busca de respuestas

  • Al principio me asusté, pues pese a no dominar el latín, profeso hacia esa lengua (como hacia el griego clásico) una sublime adoración que nace de venerar los orígenes de nuestro común instrumento de entendimiento, pese a que muchos lo denosten: el castellano/español; y, por supuesto, hacia las locuciones latinas y otras expresiones que nos legaron los inmortales, y jamás en exceso reconocidos, padres de la civilización occidental.
  • Y también, viene bien recordar el latín en estos aciagos momentos, en los que los unos y los otros han olvidado (o quizás ignoran, lo cual me resulta más probable) que ya los Estados Unidos de América se fundaron sobre la base del proverbio latino “E pluribus unum”, y que en este caso podría entenderse como “De muchos (países), un solo (país)».

homo quaerens preguntasPero no, no voy a hablarles de Cataluña, ni de España. Reconozco que esa fue, hará ya más de una decena de días, mi primera intención. Al principio, mis palabras, plasmadas en un borrador de Word, y convertidas en dardos envenenados, se hundían con saña en las carnes macilentas de los antipolíticos que nos ha tocado vivir.

En las de los unos, y en las de los otros. En las de aquellos, por no conducir sus reivindicaciones por los cauces legítimos, y exaltar a las masas a la rebelión, poniendo a los ciudadanos ante portam de una guerra civil (¡qué pronto olvidan algunos la reciente tragedia que nos destruyó por generaciones…!).

En las de estos, por ser quienes durante más de treinta años, han creado a una bestia incontrolable, en lugar de haber tratado, desde el principio, de entender al otro y haberle dado un cauce adecuado a sus reclamaciones.

 

¿Homo quaerens?

Pero retorno al tema de mi titular: ¿Homo quaerens?

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Mentoring: acompañar, compartiendo conocimientos y experiencias

Mentoring

mentoring

Foto: Pixabay

Del mentoring al mentorizaje o mentoría

  • Cuando uno emplea un término acabado en el sufijo ‘ing’, corre el riesgo de ser prejuzgado negativamente y recibir como bofetada en el rostro una expresión del tipo “Ya estamos con otro invento de esos que no son sino humo, y que me lo quieres vender a base de ponerlo en inglés”.

He de confesar que yo mismo soy de esa opinión. Y rechazo por norma, de entrada, todo lo que no me venga expresado en su forma castellana, si la tiene. Que siempre suele ser posible dársela. Nuestra lengua es rica y flexible, no la despreciemos…

La razón de mi inicial prevención no es baladí.

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Emprendedores: seguid los consejos del hombre de hierro

Emprendedores… Inconformistas

inconformistas josef ajram emprendedores

Que un tipo con cara de pocos amigos y el cuerpo lleno de tatuajes, y un friki marketero, pretendan condensar en un librito de menos de doscientas páginas toda la supuesta sabiduría empresarial que se acumula en un MBA, podría provocarte una espasmódica mueca de sarcasmo.

A ti, sí, a ti encorsetado y modélico emprendedor/empresario que crees que siempre hay seguir las normas y los dictados de otros con más títulos que tú… y que te olvidas de que la ciencia avanza por el método más antiguo que existe: el de prueba y error.

O a ti, joven emprendedora o mujer empresaria, que piensas que olvidarte de tu intuición y hacer las cosas como lo han hecho siempre los hombres en este mundillo de los negocios, te asegurará el ansiado éxito…

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Cuando la Mafia me enseñó a hacer negocios

El mundo de los negocios

«Nothing personal,

it’s just business.»

 

«Nothing personal, it’s just business.» se ha convertido en una de las citas más famosas que hacen referencia al duro mundo de los negocios.

Quizás si Al Pacino, magistral en el papel del Michael Corleone, no la hubiera pronunciado a su manera (“It’s not personal, Sonny. It’s strictly business.”) en la obra maestra de Coppola, «The Godfather«, jamás habría permanecido enmarcada para la historia en las paredes de muchos despachos de directivos…

Pero Puzo hizo ‘trampa’

Los escritores somos así: tomamos algo de la realidad y lo transformamos a nuestro antojo… La frase que el Al Pacino transmutado en Corleone deja escapar de su garganta, como si de un inocente e inofensivo ‘Buenas noches’ se tratara, no fue fruto original de su excelente imaginación de creador. Don Mario, a la hora de crear, se inspiró en la expresión de un personaje real, un contable (en la vida de no ficción siempre hay un contable…), Otto Biederman, asesor de un gánster miembro del crimen organizado en la América de los años treinta. Y así, el célebre «Nothing personal, it’s just business.«, constituye quizás su mejor herencia…

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