Papel usado, de Julio José Ordovás

Papel usado, de Julio José Ordovás  (Editorial Eclipsados, 2007)

«Este libro está hecho de papel de periódico. Y sus páginas, manchadas de café y de ceniza y de urgencia y de humedad, tienen el color amarillo del tiempo, la usada luz de la vida. Esa luz que nos hace abrir los ojos cada mañana». (Julio José Ordovás)

Puede decirse que últimamente no leo mucha literatura propiamente dicha, es decir, novela, cuento, poesía y toda esa serie de modos de la ficción  plasmada sobre la hoja en blanco que dan libertad absoluta a la imaginación del escritor. Me estoy decantado por las obras de corte ensayístico, periodístico, científico, de gestión empresarial,  y alcanzo incluso el terreno de lo filosófico – trascendente.

Entre este tipo de lecturas, que a pesar de alejarse de la ficción en su más pura acepción, permiten al escritor dar rienda suelta a su mente creativa, nos encontramos con un género tratado a veces como de menor, que es el  que despliega el periodista – escritor como articulista o columnista en un medio de comunicación (hoy día podemos considerar que hasta en un blog personal o blog colaborativo). El artículo periodístico de opinión, y quiero recalcar este epíteto, de opinión, se sumerge en las aguas de lo subjetivo, aunque se fundamente en los conocimientos académicos y experiencias profesionales que el articulista pueda esgrimir como basamento sobre el que edificar su escritura.

Y este es el caso que hoy nos ocupa.

En Papel usado, Ordovás, joven pero curtido profesional del periodismo, exuda en su tinta amarga un  realismo cuasidepresivo, un cierto resentimiento próximo al abandono, a la resignación ante un mundo necio, pleno de cráneos vacíos que venden sus últimas neuronas al mejor postor. Ordovás, trae a mi memoria los artículos de otros maestros, como él, del verbo afilado, honesto, sincero, veraz, rotundo. Valentía, osadía, es lo que inhalo, como olor a la tierra madre, fresca tras la tormenta, cuando vuelvo, una a una, sus páginas…

Atrevimiento, libertad… Como la de Rivarés, la de Trasobares, la de Pérez-Reverte… la de su admirado Alvite, o la de Gregorio Morán.

Porque Ordovás reniega de lo políticamente correcto, de quienes se someten a los amos poniendo en peligro la libertad de expresión. Hace suya la bandera de la defensa  de la transparencia, de la lucha contra el eufemismo, en un país donde cada día somos más cobardes como individuos, y más bestias pardas cuando ociltamos nuestra mano criminal tras la sombra negra de la muchedumbre.

Ordovás es, como yo me siento, y lo siento, un lobo estepario. Y ya van quedando pocos lobos en ese mundo de corderos, seres gregarios, aborregados, apesebrados, pero de blancosy lanosos cuellos que escurren roja sangre que mancha el suelo que patean…

Quien tema escuchar la verdad, la opinión libre de veras, libre de ataduras clientelistas, libre de esclavitudes del qué dirán, de alguien que se enorgullece de ser fiel a si mismo, que no lea estas páginas.

Quien no desee salir de su falsa burbuja de plástico cubierto de agitación y propaganda, de un mundo a la medida de sus necedades, de una vida en una historieta dibuada por quienes maneja los hilos… no lea estas páginas.

Porque enfrentarse a pecho descubierto a las hirientes realidades, no está al alcance de cualquiera.

Tarde he descubierto…

reloj monedas

Foto: Pixabay

…que la honestidad no es ya un valor, ni de valor tan siquiera.

Que hoy día más se estima

la hipocresía.

Que toda organización bebe

hipocresía

y falsedad

y se nutre y revuelca del lodo y en el lodo de las sonrisas postizas,

los aplausos de los cobardes

las zancadillas de los mirones,

las palmadas de los brutos, adornadas de puñales…

La fidelidad del lobo

La fidelidad del lobo

La fidelidad del lobo

Foto: Pixabay

Quizás puedas recoger a un lobo solitario de los bosques.

Tal vez logres que acepte dormir en el suelo de tu cabaña.

Puede que consigas que coma de tu mano las sobras de tu mesa…

E incluso logres que sienta por ti fidelidad y te defienda contra el oso…

La fidelidad del lobo.

Pero ten por seguro que, si un día te atreves a amenazar con golpearle, levantará su hocico.

Y si al día siguiente le muestras la vara, él te enseñará sus caninos.

Y, si al final eres tan inconsciente como para llegar a golpearle, ten por seguro, pero por muy seguro, que devorará hasta el último asomo de tus carnes.

Después, escarbará bajo el suelo de tierra de tu cabaña, y enterrará tus huesos donde jamás nadie pueda hallarlos…