¿Y si ya no hay deseo?
A veces no hablamos de ello.
Otras veces lo evitamos.
Pero muchas parejas lo sienten: ya no hay deseo.
Y con él, se apagan las caricias, la complicidad, el juego, el cuerpo.
El deseo no desaparece sin más. A menudo se esconde tras el cansancio, la rutina, la presión, el miedo al rechazo, el estrés o el resentimiento.
La buena noticia es que puede recuperarse.
En consulta trabajamos con respeto, sin forzar nada, para entender qué ha pasado y cómo volver a conectar con el cuerpo, el placer y la intimidad.