El desamor en la pareja

 El desamor en la historia de la pareja

En el transcurso de mi experiencia en el ámbito de la Terapia de Pareja, me resulta muy habitual encontrarme con la aparición del desamor. No se trata pues de un asunto que afecta sólo a unas pocas, que es infrecuente, raro… sino todo lo contrario. Es más, creo que si se analizara en profundidad, la rareza serían las parejas en las que en algún momento de su relación, alguno de sus miembros o ambos, no hubieran sentido la dolorosa, desesperanzadora, traicionera, puñalada del desamor. Ese sentimiento profundo que ‘no quiero sentir, pero que siento tan verdadero, que si niego siento que me traiciono, y si lo sigo, siento que hago daño al otro’.

Diversidad… y no tanta

Y pese a que las parejas son diversas en todos los aspectos, los casos suelen plantear un marco general coincidente. Con ello no quiero decir que todos los casos de desamor tengan este patrón, pero sí que el patrón que voy a presentar resulta habitual en los casos que yo he trabajado.

También me gustaría hacer hincapié en una cuestión importante, muy importante: que el desamor haya hecho acto de presencia, no significa una condena a muerte de la pareja. Más bien deberíamos interpretarlo como una crisis, una oportunidad para la misma, y bien pronto daré cuenta del porqué.

Un patrón (no dudo que habrá otros)

El patrón de desamor que en más ocasiones me encuentro en el transcurso de mis sesiones, es el siguiente:

Una pareja acude a consulta. Refieren que la relación se encuentra deteriorada desde hace tiempo (pueden ser meses, e incluso años) y se han planteado la separación o el divorcio, pero quieren intentarlo de nuevo antes de dar ese paso.

Suele haber hijos por medio, lo que les ha hecho mantener el vínculo pese a la realidad que padecen: se han convertido en ‘compañeros de piso’ con responsabilidades comunes: una casa y unos hijos, que es lo único que les mantiene unidos. Esa convivencia es tensa, fría, distante y en muchas ocasiones está cargada de hostilidad.

Uno de los miembros de la pareja es el que ‘siente en lo más profundo’ que a pesar de querer al otro, no siente amor, no encuentra conexión alguna, no desea siquiera el contacto físico, que quizás incluso llega a darle asco, náusea, repugnancia… Es el que experimenta el desamor.

Sorpresa

El otro, generalmente se ve sorprendido por este cambio que percibe como radical, súbito, inesperado. Y no es capaz de entenderlo. No puede hacerse a la idea de qué es lo que le ha ocurrido a la otra persona (porque  lo primero que le viene a la cabeza es pensar que el otro está mal y le pasa algo, ha cambiado y no sabe lo que hace ni lo que quiere… Que él es el de siempre…)

Recibir del otro un ‘Ya no te quiero, ya no siento nada por ti’ puede ser muy duro, y nos vemos incapaces de digerirlo.

No obstante, aun en la manida expresión ‘Ya no te quiero, ya no siento nada por ti’ , podemos escarbar. Y ayudar al desenamorado a expresar adecuadamente lo que necesita expresar.

Y matizar dicha frase que no por abuso de empleo está exenta de mal uso.

Infidelidad

Desamor. Raúl G. Tristán Psicólogo Experto Terapia de Pareja Zaragoza infidelidadPor otra parte, una constante en estos casos es la de la infidelidad, ya sea platónica o consumada. No siempre la hay, pero es lo más habitual.

Generalmente ha sido consumada y no es ocasional sino reiterada, y por supuesto, secreta, es ocultada al otro hasta ser descubierta por el miembro engañado.

A veces se trata de escarceos que no van más allá de un encuentro sexual, y que hablan de erróneos intentos de huida, de escapar, de deseos de libertad mal enfocados. Otras, de búsqueda consciente de lo que falta en la relación oficial, y que la ‘extraoficial’ sí parece aportar, o se pretende que aporte.

Esa infidelidad o esas infidelidades, suelen ser ‘perdonadas’ por el engañado (aunque hablar de haber perdonado resulta ingenuo, y es un tema inconcluso que debe abordarse en terapia, pues caso de no cerrarlo se hará figura en cualquier momento, quizás de forma descontrolada, y seguro que con una inmensa carga de dolor y rabia: más que el perdón, trabajamos la aceptación e integración de lo acontecido, sin olvidar nuestra capacidad de sostener y los límites que consideramos líneas rojas). Debemos poner atención aquí al riesgo de un falso perdón, que pueda encubrir cierta dependencia emocional.

Incapacidades y miedos

A la infidelidad se llega por la incapacidad de mostrar-SE ante el otro, expresar necesidades y deseos, COMUNICARSE adecuadamente, siendo unos desconocidos que caminan juntos por un sendero que no lleva a ninguna parte.

La huida a través de la infidelidad también habla de nuestra capacidad de respetar al otro, aun cuando sintamos que no hemos sido respetados (¿cómo va a respetarnos el otro en nuestros deseos y necesidades, sin las desconoce porque no las hemos expresado, o las expresamos de forma inadecuada, o ceedemos contantemente?). También habla de no respetarnos a nosotros mismos. Por eso lleva a la culpa y el remordimiento, pese a que se siga incurriendo en ella. No es una salida.

La infidelidad también habla de falta de compromiso. Y el compromiso es lo que tenemos que buscar en la relación de pareja. Yo me comprometo contigo, y tú te comprometes conmigo, y juntos nos comprometemos con nuestro proyecto de vida común y con nuestros proyectos de vida individuales.

Yo me comprometo contigo, y tú te comprometes conmigo, y juntos nos comprometemos con nuestro proyecto de vida común y con nuestros proyectos de vida individuales. #TerapiaDePareja Clic para tuitear

Duda

Desamor. Duda. Raúl G. Tristán Psicólogo Experto Terapia de Pareja Zaragoza La duda sobre la relación asfixia al desenamorado. Siente que quiere al otro, pero no le ama. Fantasea con abandonar la realción y vivir sol@, porque siente que es lo que ahora necesita. Y cuiado aquí, porque cuando se duda y se está en plena indecisión, lo pero que se puede es tomar decisiones basadas en fantasías. Como la fantasía de ‘sé que estando sol@ estaré más feliz, aunque al principio me duela’.

Puede que esta relación no tenga mayor recorrido, y deba finalizar de la mejor forma posible. Tal vez lo tenga de forma diferente a como ha sido hasta ahora, o no.  Puede que caso de romper, aparezcan nuevas oportunidades se ‘ser feliz’… o no.

Pararse. Respirar. Y si estás en un proceso de Terapia de Pareja, dar una oportunidad a las posibilidades que se abren.

No cerrarse ante el miedo, aceptar que el miedo ante la incertidumbre y la posibilidad de equivocarse están ahí. Y trabajar abierto a que la relación presente pueda ser diferente y satisfacernos.

Renuncia y Despertar

Renuncia

Desamor. Renuncia. Raúl G. Tristán Psicólogo Experto Terapia de Pareja ZaragozaEncuentro muchos casos en los que el desenamorado, alcanzada cierta madurez cronológica (generalmente a partir de ‘los cuarenta’), pareciendo despertar a ‘ser quien verdaderamente quiere ser y no ha sido’, a conectar con sus verdaderos deseos y sus genuinas necesidades… y se desenamora y rompe la relación que le ata a una vida que contaempla vacía, sin razón de ser, perdida, desperdiciada, que le impide SER.

Generalmente encuentro un historial de continua renuncia a sí mism@, incluso desde la infancia o la adolescencia. Cesión ante el padre o la madre. O ante hermanos. Luego el círculo personal se amplía, y su vida es un ceder constante para evitar sentirse rechazad@. Buscando recibir la mirada del otro. Vendiéndose para atraer el amor del otro. Muchas de ellas son renuncias voluntarias, tomadas como decisión… pero no por ello son ‘conscientes’, desde el momento en que se toman desde la sumisión, el miedo, la culpa, y  enmascarando el transfondo profundo (con el que el renunciante no llega a  contactar) con la idealización amorosa.

La persona ha cedido parcelas de sí de forma permanente y constante. Desde lo más trivial a lo más relevante. Concediendo a otros la dirección de su vida; siguiendo al otro; abandonando sus planes y objetivos (si alguna vez fue consciente de tenerlos).

Desconectando de sus necesidades y deseos. Confluyendo con el otro. Esperando que llegue un día que jamás llega, en el que le toque recibir a él/ella ‘lo que SIEMPRE ha necesitado y NUNCA ha recibido…

Despertar

Raúl G. Tristán Psicólogo Experto Terapia de Pareja ZaragozaA veces, este despertar de una vida de renuncia a sí mism@ llega tras un suceso traumático (la muerte de un ser querido, una enfermedad…). Otras, es producto de una insatisfacción indeterminada, una desazón que conduce a una búsqueda ‘espiritual’ que, mal enfocada, puede desembocar en la soledad profunda de una persona que lo abandona todo para seguir los dictados de una creencia o práctica (el crecimiento personal o desarrollo personal tomado como una espiral infinita de mejora y perfección, que puede convertir nuestra vida en un laberinto sin salida), con el fin de hallar respuestas que no llegarán.

En otras, la persona puede embarcarse en sucesivas relaciones superficiales que no conducen a nada, sino a más soledad y vacío. Con suerte, quizás halle con quien realmente se sienta escuchada, atendida, realizada… Con mucha suerte, pues no es lo habitual.

Advertencia

Estoy hablando de casos en los cuales no ha existido maltrato físico, violencia explícita, pues en esos casos no llevo a cabo intervención terapéutica. Es una pregunta que realizo o bien en la llamada de contacto, o bien en la primera sesión. En dichos casos la denuncia y la separación es la vía. Es una línea roja que no concibo deba ser cruzada.

Incluso en casos en los que puede darse un maltrato psicológico evidente, opto por el distanciamiento y la separación. Ver el nivel del mismo, en qué grado se pueden trabajar de forma individual, si puede esperarse una capacidad de evolución hacia una relación de pareja sana, o si es posible que el daño que alguno de los miembros arrastra, que le hace manifestarse de forma hostil hacia el otro, sea o no ‘trabajable’ o conlleve un esfuerzo que la situación ya no permita desplegar.

Ruptura

Raúl G. Tristán Psicólogo Experto Terapia de Pareja Zaragoza

El ‘desenamorado’ suele cargar a la espalda con una mochila repleta de renuncias, que ha legado un momento en su vida que ya no puede seguir cargando porque seguir aguantando le conduce a la tumba en vida. Y entonces rompe. Pero rompe de malas maneras, dada la falta de hábito que tiene en poner límites, en exponer sus necesidades y deseos de forma explícita y asertiva, legitimándolas, porque lo del optro siempre es más importante, es prioritario, y lo suyo es una tontería sin importancia…

Sin salida

Por eso la única salida que admite es la ruptura total. La distancia emocional y física absolutas, dado que en el fondo de su inconsciente teme volver a ceder, si se da el acercamiento; caer de nuevo en el confluir, si se deja sentir el amor residual e intentar alimentarlo; desaparecer de nuevo en el otro, si vuelven a enamorarse.

Es fundamental en estos momentos no tomar decisiones drásticas y de separación, pese a lo catastrófica que pueda parecernos la situación. Incluso la separación temporal que muchas parejas se recetan por sí mismas o a través del terapeuta, resulta perjudicial desde mi puento de vista. ‘Necesito estar sól@ en estos momentos’ se dicen, y hacen la maleta y se van de casa… Con ello sólo alimentan la evitación, la huida, el no enfrentarse al problema de la convivencia, desconocerse aún más, incomunicarse de forma definitiva… Es un paso en la dirección de la ruptura definitiva.

Parar. Mantenerse. Y trabajarse en terapia, ambos. Porque por lo general, ante la carga tan insoportable de dolor, rabia, rechazo o miedo que llevamos, no sentimos realmente lo que necesitamos, y nos dejamos llevar por el mito de la sabiduría de ‘me lo dice mi instinto, mi cuerpo, lo siento así’… cuando en verdad no estás conectando con la necesidad o deseo genuinos, sino con la emoción  sustitutiva, con la que nos resulta más fácil conectar en esos momentos.

Reenamoramiento

Reenamorarse del otro, es posible, no volviendo a ‘lo mismo de antes’, sino a un proyecto común de dos personas que se han descubierto a sí mismas y han redescubierto al otro. Una nueva oportunidad desde una relación sana, entre adultos sanos.

 

Pronóstico

La conclusión de esta situación dependerá, entre otros factores de:

  • Darse cuenta de que tienen un verdadero problema, que si lo dejan pasar explotará-
  • Hacerse conscientes de que no pueden resolverlo solos. Están demasiado implicados en el problema como para poder ser ecuánimes, objetivos, ver desde fuera y ayudar dese fuera.

Y la capacidad de:

  • sostener la confrontación que lleve a cabo el tearpeuta durante la terapia: ‘ver’ lo que se le ponga delante, aceptarlo e integrarlo.
  • conectar con las necesidades y deseos genuinos de ambos, y de expresarlos y comunicarlos de forma asertiva, segura, confiada, y negociar y llegar a acuerdos sin que sean cesiones inconscientes, renuncias por comprar la paz o la compañía, evitar el abandono, etc.
  • respetar al otro y a sí mism@ y de comprometerse con la relación.
  • mostrarse vulnerable, bajar las defensas, conectar con la compasión y el amor.
  • abrirse a posibilidad de que pueda funcionar o no, manteniendo a pesra de ello esperanza en la incertidumbre y esforzándose por mejorar y mantener la relación.
  • etc.
Conclusión

Cuando el terapeuta es un buen profesional (lo que pasa en primer lugar por ser psicólogo colegiado), la relación terapéutica es la adecuada, y los miembros de la pareja se abren a colaborar confiando en que todo lo que se haga es por el bien de la pareja y de ellos mismos, se comprometen con el trabajo terapéutico… gran parte está hecha, y podemos esperar una resolución satisfactoria, en el sentido de seguir adelante con la relación desde ‘otro lugar’, y no desde lo que en el pasado fue.

Raúl G. Tristán Psicólogo Experto Terapia de Pareja Zaragoza

 

 

 

*** En todos los casos la persona que se ve en el desamor puede ser él o ella indistintamente, y también vale para parejas del mismo sexo. en las parejas heterosexuales, he observado mayor propensión a que eran ellas las que se desenamoraban, mientras ellos lo ignoraban.

 

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Acerca de Raúl Tristán

Psicólogo Col. Nº A-03021.
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