
Foto: Ketari. http://ketari.nirudia.com/10442
A la orilla de un río del Pirineo. Caminando sobre sus redondeado cantos. Cierro los ojos… El olor húmedo de la tierra que inunda, el rumor cantarín de las aguas… Cierro los ojos. Sí, todo me recuerda al río de mi infancia, el Duero, en el que me bañaba cuando los niños todavía se bañaban en los ríos…
Allí, cerca del puente del ferrocarril, cuando el tren no era un AVE, sino una ruidosa locomotora de vagones lentos, que permitían atisbar la vida que en su interior dormitaba, acunada por el traqueteo indolente…
El Duero, bañando generoso la Zamora de mis abuelos…
El Duero, cuya vereda recorría paseando con mis padres, bajo la fronda de ribera, sí, hasta alcanzar aquellos que eran conocidos como ‘los Tres Árboles’, majestuosos ejemplares silentes, sabios ancianos de la Naturaleza…
Para mi, un río, ‘el río’, siempre será ese Duero…