Pilar Bellé ha presentado hoy su nuevo espacio en Aragón Radio, ‘Mañana será otro día‘, y me he sentido muy halagado porque ha contado conmigo para su estreno.
El tema a tratar era la felicidad… ¡Casi nada!
Como no ha dado tiempo a contaros todo lo que tenía pensado deciros, ya sabéis, cosas de los medios cuando se ‘comen’ el tiempo asignado, os lo pondré por aquí, más abajo.
Para saber qué más se dijo en el programa, pincha la imagen de abajo o escúchalo AQUÍ.
Ser felices es el objetivo de la mayoría de todos nosotros, pero ¿sabemos de lo que estamos hablando? Cuando las personas decimos que queremos ser felices ¿Qué es lo que estamos deseando realmente?
Lo primero que debemos tener en cuenta es que parece que hablamos de un concepto muy actual, moderno, y sin embargo nos encontramos ante una de las preguntas sin respuesta que más han turbado al ser humano. Estoy seguro de que, a su manera, en las cavernas, los primeros representantes de nuestra especie ya se planteaban cuestiones relativas a ‘su felicidad’ y quizás para ellos fuera ésta el ver materializados en la realidad, los sueños de caza proyectados en su pinturas, o el deseo de fecundidad plasmado en sus diosas de generosos volúmenes.
Aristóteles hablaba de felicidad, tanto como se hacía desde corrientes filosóficas como el hedonismo/epicureismo [Epicuro S. IV a.C.: la felicidad es el fin último de la existencia = vivir en el placer = ausencia de dolor el estado de ánimo elevado que experimentamos después de un evento de vida externo] o el estoicismo [Epicteto: felicidad = eudaimonía. La felicidad viene fundamentalmente de una vida llena de significado, de conexiones profundas con uno mismo y con las demás personas y de una vida espiritualmente plena aquí y ahora, en el presente, aceptando lo que no puedes cambiar (tan en boga últimamente)]. Tanto Aristóteles como Platón hablaban de una felicidad que únicamente dependía de uno mismo, y no de los demás o de las circunstancias; Séneca se preguntaba “¿qué es la felicidad?”; Sócrates nos invitaba a encontrar la felicidad no en el buscar más, sino en el necesitar menos… y Buda nos dejó dicho que “No hay un camino a la felicidad, que la felicidad es el camino”.
La segunda cuestión, es que se trata de un concepto relativo, no absoluto. Para Kant todo el mundo desea conseguirla, pero nadie podría decir de forma definitiva qué es lo que realmente desea y persigue con ello… No es única para todas las personas, ya que incluso lo que para alguien puede ser el Paraíso, para otro puede ser el Infierno
Así, siendo la forma, el continente, ‘la felicidad’ el mismo, el contenido es diferente según el individuo, la sociedad, el contexto histórico… Nos diferencia lo concreto en lo que materializamos la felicidad. Nos iguala que quizás se trate tan solo de la realización de un deseo.
Lo que resulta curioso es su evolución histórica en cuanto a qué podemos hacer para lograrla. Etimológicamente, en casi todas las lenguas, nace relacionada con el azar, con la fortuna, la providencia, o sea, que no se puede hacer nada por lograrla, sino esperar a que acontezca. Es en el Renacimiento cuando placer y felicidad se vislumbran como derechos a alcanzar (por unos pocos, claro), y ya en 1776 Jefferson proclama ‘el derecho a perseguir la felicidad’ (no a que te la concedan, ojo).
Bután, un pequeño reino del Himalaya situado entre la China e India, creó hace dos décadas el índice de la Felicidad Interna Bruta (FIB)….
Según los científicos, la felicidad se encuentra en la capacidad de tu cerebro para producir dopamina y serotonina de manera equilibrada…
Ortega nos dice que para ser felices deben coincidir nuestra vida efectiva con la vida proyectada: quienes somos, con quienes queremos ser. Autenticidad y Coherencia, diría yo.
Esta misma semana, en Twitter, Dragó nos decía que ‘quien se empeñe en buscar la felicidad como si fuese una meta, jamás la encontrará, porque la felicidad es un estado de conciencia y una forma de encarar la vida’.
Y hoy mismo se hacía tendencia la respuesta dada por un abuelo a su nieta, que le pedía una lista de cosas que le hacen feliz, y la que figuraban cosas como ir a Huelva para ver a su hijo y sus nietas… despertarse por la mañana y ver a su mujer junto a él, o tocar un rato la guitarra y cantar por las tardes…
El alcalde de Madrid, Almeida, recordaba hace unos días en la presentación de un libro del psiquiatra Enrique Rojas, que ‘la felicidad y la genialidad se encuentran en la sencillez’. Para Rojas, ‘la felicidad no depende de la realidad’ y que no debemos pedirle a la vida aquello que no nos puede dar. Su hija Marian lo refiere como ‘estar contento porque hay una buena relación entre lo que uno ha deseado y lo que ha conseguido’. Algo que con Victor Frankl y su tragedia, descubrimos en “El hombre en busca de sentido” la posibilidad de esperanza aun en condiciones tan trágicas como la muerte en un campo de exterminio nazi.
¿La felicidad está en el interior? ¿Corremos el riesgo de convertirnos en autómatas desconectados de las emociones que nos hacen humanos? ¿No tenemos derecho a sentirnos infelices? ¿debemos sentirnos culpables por no ser felices?
Mi preocupación es la expansión del mundo Disney, de las frases Mr Wonderful y la pseudo Psicología Positiva. Aquello de lo que alertan, sin ir más lejos, Bruckner, en ‘La euforia perpetua’: el deber de ser feliz; o Edgar Cabanas, en ‘Happycracia’, en relación a la industria de la felicidad, que mueve miles de millones de euros. Sin olvidarnos de Byung Chul Han, y su ‘obligación de ser feliz, la anestesia permanente, la huida del sufrimiento y el consumo’, eje de su obrita “La sociedad paliativa”.
La felicidad también nos habla de capacidad para adaptarse al entorno sin sufrir, aceptando las circunstancias que te tocan vivir y sobre las que no tenemos control, y trabajando para modificar aquellas sobre las cuáles sí lo tenemos. Aceptación no es resignación, que sería rendición.
Hoy parece que derivamos hacia el concepto de ‘bienestar’, en contrapartida de malestar, y en consulta me encuentro que personas que afirman ‘sólo quiero ser feliz’ = poder ser ellos mismos, alejarse del sufrimiento y del conflicto, lo que nos lleva a acompañarles en:
- Reconciliarse con ellos mismos y su pasado, con su historia. Escucharse y conectar con sus emociones.
- Vivir y gozar el presente.
- Saber quiénes son ahora mismo, quiénes desean ser, y lo que quieren en la vida. Qué deseas, necesitas. Establecer metas, objetivos, trazar planes para alcanzarlos. Tener un Proyecto Vital, motivarse.
- poner limites, decir No, No dejarse arrastrar por los otros, por la sociedad, por el exterior… Tener un locus de control interno.
- Es muy importante bajar el nivel de abstracción, concretar, verbalizar, materializar, hacer tangible…
Pronto llevaremos dos años de pandemia. Al principio se decía que de esta íbamos a salir más fuertes, pero no está tan claro porque según el Colegio General de la Psicología de España «la pandemia ha originado problemas psicológicos en la población: uno de cada 4 españoles presenta síntomas relacionados con la depresión grave o moderada” y “en torno a una de cada tres personas tienen síntomas relacionados con la ansiedad”.
Este tipo de mensajes entra de lleno dentro de la más explícita manipulación social mediático-política propia de los tiempos y modos que describe el coronel Baños en “El dominio mental: La geopolítica de la mente”. Tus abuelos muertos en la residencia, miedo por la vida de tus padres, por la de tus hijos o por ti mismo, angustia, ansiedad, depresión, la economía destruida, empleos en el aire, pérdida de libertades… pero tú tranquilo, que saldrás más fuerte… sobre todo si sales a cantar al balcón y te marcas unos tiktoks… De nuevo el mundo Disney, el ‘wayoflife’ a lo MrWonderful: una sociedad anestesiada de las emociones que generan malestar, con la finalidad de que no nos rebelemos, de que permanezcamos apesebrados, y de ese modo sigamos siendo productivos, rindamos y consumamos.
No, no hemos salido más fuertes: la salud física se ha deteriorado, quien presentaba patologías previas ha empeorado e incluso fallecido por falta de atención sanitaria; y en cuanto a la Salud Mental, los trastornos de ansiedad, de depresión, la angustia, los ataques de pánico, la ideación autolítica o suicida, las rupturas de parejas y desestructuración familiar, adicciones, claustrofobias, TOC,s, duelos sin resolver y patológicos, TEPT, … se han multiplicado. Y no ha habido problemas únicamente durante el confinamiento, sino que hay problemas graves postconfinamiento, además de los citados, como la agorafobia, la fobia social, más miedo a la muerte y los accidentes, aislamiento, falta de control de impulsos y mala gestión emocional, etc. sumergidos en un líquido amniótico de frustración, miedo, ausencias, tiempo perdido que no volverá, e incertidumbre ante el futuro más próximo, mañana, porque pasado no puede ni plantearse.
Otros han salido a la calle como si no hubiera un mañana, a darlo todo, sin un ejercicio de integración de lo vivido.
Afortunadamente todo ello ha hecho que volvamos la mirada sobre la Salud Mental, y nos hagamos conscientes de la necesidad de no deflectar, de no evitar, de no escapar y huir de esas emociones que no queremos sentir, que no podemos sostener, y de nuestros miedos, angustias, y hablemos de ellas y busquemos ayuda para aprender a manejar de forma adaptativa nuestras vivencias, con las emociones, percepciones, cogniciones y conductas que implican. Y también, por qué no, hay quien ha podido reflexionar sobre su vida, encontrarse y variar el rumbo.
Tienen algo que ver las redes sociales, ese mundo paralelo con el que convivimos diariamente, en el que parece que a todo el mundo le va estupendamente menos a mi, lleno de tendencias, influencers, y líderes de opinión?
¿Tal vez se nos ha ido de la mano el concepto de que las personas somos seres con claros y oscuros, con luces y sombras, con inseguridades, con errores y con legañas por la mañana y que eso, justamente eso, nos hace ser humanos?
En el término medio se halla la virtud, y no se trata de demonizar las redes sociales, que constituyen poderosas herramientas de comunicación interpersonal, sin son bien empleadas y no nos controlan ellas a nosotros, permitiéndonos establecer contacto con personas que de otro modo posiblemente no hubiéramos podido hacerlo, si bien es cierto que para que eso ocurra debemos tener un criterio bien formado, para facilitarnos el distinguir la realidad de la publicidad, de la fantasía, del marketing… de la farsa… y filtrar adecuadamente todo aquello que no pertenece a la esfera de lo real, ponerle límites, tomar distancia y no entrar en el juego.
Es un mundo de extremos, donde las emociones se fingen, se manipulan y emplean con fines que no son explícitos, y tenemos quien con baja autoestima y una vida vacía de sentido alardea, presume, se pavonea; tenemos a quien se presenta como víctima de dramas cotidianos para recibir el carió o la atención que no sabe pedir o que de otra forma no podría obtener…
Hay que usar las redes como herramienta de comunicación, sin creerte todo lo que en ellas encuentras, y sin compararte. Muchos problemas de Salud Mental, pueden verse reforzados o promovidos por aquello que constituye nuestro foco atencional en las redes: desde una baja autoestima, hasta TCA,s, hasta la ideación suicida. Extraigamos de ellas lo que nos aporta, lo que nos suma y no lo que nos hace menos.
Por cierto, llamadme ‘viejuno’ y romanticón, pero una de mis canciones de la felicidad es:
