Homo quaerens, ser humano en busca de respuestas

  • Al principio me asusté, pues pese a no dominar el latín, profeso hacia esa lengua (como hacia el griego clásico) una sublime adoración que nace de venerar los orígenes de nuestro común instrumento de entendimiento, pese a que muchos lo denosten: el castellano/español; y, por supuesto, hacia las locuciones latinas y otras expresiones que nos legaron los inmortales, y jamás en exceso reconocidos, padres de la civilización occidental.
  • Y también, viene bien recordar el latín en estos aciagos momentos, en los que los unos y los otros han olvidado (o quizás ignoran, lo cual me resulta más probable) que ya los Estados Unidos de América se fundaron sobre la base del proverbio latino “E pluribus unum”, y que en este caso podría entenderse como “De muchos (países), un solo (país)».

homo quaerens preguntasPero no, no voy a hablarles de Cataluña, ni de España. Reconozco que esa fue, hará ya más de una decena de días, mi primera intención. Al principio, mis palabras, plasmadas en un borrador de Word, y convertidas en dardos envenenados, se hundían con saña en las carnes macilentas de los antipolíticos que nos ha tocado vivir.

En las de los unos, y en las de los otros. En las de aquellos, por no conducir sus reivindicaciones por los cauces legítimos, y exaltar a las masas a la rebelión, poniendo a los ciudadanos ante portam de una guerra civil (¡qué pronto olvidan algunos la reciente tragedia que nos destruyó por generaciones…!).

En las de estos, por ser quienes durante más de treinta años, han creado a una bestia incontrolable, en lugar de haber tratado, desde el principio, de entender al otro y haberle dado un cauce adecuado a sus reclamaciones.

 

¿Homo quaerens?

Pero retorno al tema de mi titular: ¿Homo quaerens?

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Mayores de 45: condenados al desempleo

Ni la formación ni la experiencia salvan a los mayores de 45.

mayores de 45

Foto: Pixabay

Las escalofriantes cifras de desempleo que presenta nuestro país, por encima de los cuatro millones de personas, son para dudar de que la salida a la crisis se encuentre próxima. No en vano, poco ha cambiado la situación en España, aunque el carrusel electoral de este año parezca teñir de color esperanza las ilusiones de una importante parte de la ciudadanía.

Y es que el sistema que rige nuestros destinos, no solo a nivel nacional, sino en el escenario mundial -que afecta sobre todo a ciertas regiones mediterráneas, como Grecia, Italia o España- no es un supuesto y simplón neoliberalismo, o capitalismo salvaje, como algunos se empeñan en demostrar con el fin de imponer a las masas un disfrazado comunismo de nuevo cuño, sino una auténtica cleptocracia: el gobierno de los ladrones mediante todas las armas que la corrupción pone a su servicio; desde el nepotismo al clientelismo, pasando por el peculado.

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