El tiempo congelado

Alguna que otra mañana, cuando me dirijo hacia el trabajo a toda velocidad, con la radio a un volumen tal que además de levantarme los ánimos amenaza con reventarme el corazón con su adrenalítica descarga, mientras monto a lomos de mi TT, cuyo motor ruge como león hambriento, me cruzo con la sosegada figura de una anciano que, plácidamente, se encamina sobre su bicicleta, con la azada sobresaliendo nostálgica de la cesta de fruta a duras penas sujeta con cuerdas, enfilando hacia la huerta, viñedo u olivar, allá donde echará buena parte del día, escuchando los cantos de los pájaros, sobre un fondo melódico de silencio, y algún que otro restallar de la férrica herramienta al golpear los numerosos pedruscos que salpican estos terrenos baldíos.

Y siento envidia.

Sana, pero envidia.

  • Envidia de quien no se deja enredar por la apariencia.
  • Envidia de quien ignora el falso deseo del tener, la fatua necesidad que la publicidad y nuestro estúpido sistema de vida nos imponen.
  • Envidia sana de quienes son capaces de vivir con lo justo y necesario
  • Envidia sana de quienes escuchan el auténtico pálpito de la vida, su latir más primigenio…

Siento anhelo por una vida reducida a la contemplación del existir, lo más aproximada a un no-ser, a un pasar sin dejar huella, a un haber vivido sin haber mancillado el Paraíso… Sin tener temor a perder nada, porque nada tenga…

Despacio. Sintiendo. Viendo.

Viendo… porque no vemos.

Simplifica tu vida, me dicen los amigos que de verdad me estiman.

Y yo desoigo sus consejos, y me embarullo cada día con más tesón, en una vida plagada de ceguera.

Una experiencia única: vivir el Taller de Integración Vivencial de la Propia Muerte (TIVPM)

Este fin de semana ha sido muy especial.

No entraré en detalles, tan solo decir que, vivir con intensidad el Taller de Integración Vivencial de la Propia Muerte (TIVPM), ha sido una experiencia única, inmensa, enriquecedora y adictiva…

Un privilegio que agradezco, y recomiendo a todo aquel que crea que la vida es más que materialismo absurdo.

Retomar los pasos perdidos…

buda

Foto: Pixabay

Retomar los pasos perdidos…

…cuando nos desviamos del camino…

del sendero del vino, las rosas y el cariño.

Ruta de agrestes paisajes, de cielos plomizos,

o de arco iris infinitos sobre la nieve dormidos.

 

Retomar la pluma, olvidar la ira, amansar la furia,

alejarse del engaño, la mentira y la culpa.

Sembrar lluvias, abandonar las palabras malditas…

 

La sonrisa del Buda, Zen y armonía.

 

Y el Universo todo, alrededor de uno gira…