Hijos adolescentes en cuarentena

Hijos adolescentes en cuarentena: ¿un castigo o una oportunidad?

Hijos adolescentes. Raúl G. Tristán Psicólogo en Zaragoza Experto en Adolescentes y JóvenesSupongo que muchos padres se habrán asustado con la idea de tener que convivir con sus hijos adolescentes durante al menos quince días… Y que ese susto que se les ha metido en el cuerpo, ha venido a unirse al miedo al coronavirus.

Ese temor a la convivencia con hijos adolescentes se dará sobre todo en el caso de aquellos dados en ‘mal llamar’ conflictivos.

Y digo ‘mal llamar’, porque mi experiencia me ha enseñado que detrás de un adolescente conflictivo existe un amplio abanico de problemáticas, de conflictos internos del adolescente con su mundo y con el mundo exterior, que se ve incapaz de cerrar, de resolver adecuadamente, de una forma adaptativa, que ‘respete’ el modus vivendi de la sociedad en la que se integra, y a la vez permita la afirmación de su identidad como ser único en una etapa de descubrimiento de sí mismo.

Veamos algunos ejemplos extractados de casos prácticos reales:

  1. Quiero estar feliz y no lo consigo.
  2. Vivo en una montaña rusa emocional.
  3. Quiero a mi familia… pero quiero estar lejos de ella.
  4. Cómo ayudar a un amigo.
  5. etc.

Como ya comenté cuando hablé de la vuelta a casa de un hijo, y de cómo debían gestionarla los padres, todo tiempo de convivencia puede ser vivido por nosotros con actitud de ‘castigo’ o de reto/oportunidad.

Si nos lo tomamos como un ‘castigo’ del que estamos deseando escapar, vamos a generar malestar a nuestro alrededor, vamos a sufrir, vamos a desaprovechar el tiempo, nos amargaremos, discutiremos, enrareceremos el ambiente, aumentaremos la ansiedad, nos instalaremos en la frustración, alimentaremos el rencor y la ira… y por supuesto nos alejaremos de nuestros hijos, hasta limites quizás insalvables.

El reto

Si nos lo tomamos como un reto, en el caso de la cuarentena con hijos adolescentes, nos encontramos frente a la oportunidad  de colaborar más activamente en su crecimiento como individuos y como personas sanas e integradas en la sociedad. Un deber como padres que no podemos soslayar, y más en una sociedad como la actual, en la que determinados valores, conductas y actitudes no sólo no se fomentan, escaseando, sino que llegan a penalizarse.

Hablamos de la:

  • Responsabilidad, que muchos desconocen, porque los padres, o las administraciones, se lo dan todo hecho y ‘mascado’ (¿Recordáis el cuento de Anthony de Mello, Come tú mismo la fruta…?)
  • Tolerancia a la frustración, en una época en la que decir NO a los hijos parece ser una palabra proh¡bida, propia de malos padres. Todo se les consiente, se les compra, se les tolera…
  • Solidaridad, tan pregonada por la juventud, pero que se queda en ‘agua de borrajas’ fuera de las consignas pancarteras de las manifestaciones, o el postureo de buenas intenciones en las redes sociales.

Y de la…

  • Preocupación, respeto y cuidado del bien común, tan maltratado por doquier. Cuidarlo, mantenerlo, es labor de todos. Responsabilidad y deber de todos.
  • Valentía y el orgullo del sacrificio personal, en pro de la comunidad. Dar lo máximo de uno mismo, sin buscar un benefiocio propio, sino tan sólo la satisfacción de ‘hacer lo que debe hacerse’, la satisfacción del ‘deber cumplido‘, lo que éticamente es correcto (¡uy, la ética! Otra cuestión en franca desaparición, pese a ciertas asignaturas escolares, que acaban manipuladas ideológicamente por los tentáculos de unas y otras políticas), en aras de un bien superior. Lo estamos viendo estos días en voluntarios, fuerzas y cuerpos de seguridad, personal sanitario…
  • Colaboración.
  • Parte positiva del aburrimiento. El aburrimiento, el hastío, como fermento donde se genera un malestar, una inquietud que nos hacen movernos hacia la exploración.  Y dejarnos llevar por la curiosidad, dando alas a la imaginación, a la creatividad. Mediante el cuestionamiento, a través del ¿Por qué…? o el ¿Cómo…?
  • Reflexión pausada, meditada, profunda, sobre nosostros mismos y la vida. Nuestro Ser, nuestro lugar en el mundo, nuestra Misión y Valores… ¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿Hacia dónde voy? ¿A dónde quiero llegar? ¿Cuál es mi camino? ¿Cuál quiero que sea? ¿Cómo quiero caminar por mi vida?…

¿Cómo lo haremos?

Algunas de las formas de hacerlo serán:

  • Estableciendo rutinas horarias.
  • Estableciendo responsabilidades sobre tareas del hogar.
  • Participando en actividades lúdicas con ellos.
  • Escuchándolos e interesándonos por ellos.

Ciertamente, y en función de las edades de los hijos, habrá cuestiones que los padres establezcan de forma unipersonal, y otras en las que existirá cierto grado de negociación y aportación de opiniones o puntos de vista, de flexibilidad… No se trata de vivir en un cuartel bajo régimen militar.

Rutinas horarias

En estos días de ‘encierro’, de aislamiento, pautar una rutina horaria resulta imprescindible para mantenerse sano física y psicológicamente. Un horario para levantarse de la cama, para acostarse, para desayunar, comer, y cenar; etc. Confinamiento no es anarquía. los horarios ayudan a sobrellevar el tiempo de encierro en armonía.

Responsabilidades sobre tareas

Si hemos avanzado en el ser conscientes de que las tareas propias del hogar, no son cosa de las mujeres, también hemos de establecer que no son cosas exlusivas de padres y madres, sino que las tareas del hogar deben ser asumidas también por los hijos, de forma acorde a la edad, y sin distinción alguna de género.

Se da ahora una buena ocasión para enseñar a nuestros hijos ciertas tareas del hogar que por las circusntancias que sean no han aprendido ni desempeñado. Y si ya las conocen, para implementar otras o asentar las ya establecidas. Mantener la casa limpia, organizada. Ordenar la compra, barrer, fregar, limpiar los baños, quitar el polvo; poner la colada y tender la ropa, recogerla, plancharla; hacer la comida; poner y quitar la mesa; fregar la vajilla; hacer las camas…

Actividades lúdicas

Si nunca has retado en una partida a tus hijos en sus juegos de consola; hace tiempo que no véis películas juntos en el sofá, comiendo palomitas; o no desempolváis las cajas de juegos de sobremesa… quizás haya llegado la hora de hacerlo. Las risas, divesrión y comunicación en un ambiente lúdico, favorecen los lazos, la confianza, la unión, la conexión.

Escucha e interés

Como padre, mantente abierto, dispuesto para la escucha activa y con presencia, para tus hijos. No se trata de que vayas tras ello dándoles la brasa o la matraca para que te cuenten su vida, sino de que estés atento a cuando te lanzan señales de que quieren contarte algo, o te lo están contando, o que tras su aparente comentario de pasada hay un deseo de sentirse acompañados con alguna cuestión que les preocupa.

Reflexión

Fomenta en ellos el aprovechamiento de este tiempo como periodo de reflexión, para que se conozcan mejor, y sepan quiénes son y cuál es su plan de vida. Las lecturas, y la conversación ayudan a asentar, madurar, planificar, priorizar, focalizar.

 

Este tiempo de confinamiento que el coronavirus impone de convivencia con tus hijos, es un regalo. No lo malgastes. Clic para tuitear

 

*** Casi todo lo aquí expuesto, sirve igualmente para hijos ya no adolescentes, sino jóvenes. Resulta evidente que hoy día por las condiciones laborales y educativas, nos encontramos con multitud de hogares en los que conviven padres con hijos que sobrepasan largamente la veintena… y cuyo grado de madurez, en opinión de los padres, deja que desear en muchos casos.

*** Se utiliza padre o padres para hablar de ambos progenitores, independientemente de su género, orientación sexual, etc. Igualmente con hijo e hijos.

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Acerca de Raúl Tristán

Psicólogo Col. Nº A-03021.
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Un comentario

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    Martha Gómez

    Lo bueno del confinamiento es que estamos reflexionando acerca de que nuestras decisiones tienen consecuencias.
    ¿Vamos a seguir votando por esos payasos que hace quince días dijeron que no cunda el pánico – Y AHORA DE PRONTO NOS ENCIERRAN?
    Los progenitores harán ver a sus hijos que encargar babys no es un juego.
    Los hombres – ya por fuerza – tendrán que cooperar con el aseo y la limpieza del entorno, y con la lavada de ollas y de platos-
    Entre otras . . .

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