La marisma, de J.J. Conde

La marismaLa marisma no es un simple recopilatorio de artículos periodísticos al uso, a pesar de reunir entre sus páginas 49 bien pergeñadas visiones de una Huelva, de unos personajes, de una vida, impresa parte de ella en un viejo diario, Odiel

Y digo que no se trata de un viejo almacenillo de periodista melancólico (dicho con todo el cariño), porque Jesús no es un plumilla olvidado de un diario de provincias, como a veces puede tener la tentación de calificarse.

Jesús es una pluma privilegiada cuya alma exhala humanidad, poesía y grandeza en sus palabras, libres mensajeras de esperanza en el género humano y en la trascendencia de esta vida.

Sí, Jesús es, para mí, un ser humano excepcional, y no temo equivocarme en mi juicio, basado tan solo en los sentimientos, las sensaciones, las percepciones, que en mi genera su escrita voz.

«La vieja máquina de escribir, de teclas desvencijadas, ya no se oye por los aledaños de la plazoleta. Ni desde el salón de losetas desvencijadas se la oye. Ni siquiera, cuando uno se acerca sigiloso al cuartillo de los sueños -del patio por donde deambulan a sus anchas las tortugas- es capaz de percibir su sonido cojo.»

Acostumbrado como me hallo a bregar con saña , a derramar sangre y a escupir rabia, a sudar odio y arrancar maldiciones blasfemas, en el mundo taridor y pendenciero de la opinión periodística del ámbito sociopolítico, sentarme frente a la pantalla del ordenador, a leer los pensamientos «hechos carne» de Jesús, me traslada a un mundo de plácida armonía, de ausencia de dolor, de un completo vaciado del espíritu de la iracunda impotencia que en ocasiones me embarga, y me traslada a paisajes de infancia, de adolescencia, de madurez, quizás ni soñados ni vividos por mí, pero ciertamente anhelados. El reposo del guerrero…

Jesús es poesía, poesía viva, una poesía que toca su prosa con suaves dedos de musa enamorada.

Tumbado en mi soledad,  frente al mar, con el sol rilando sobre el anaranjado horizonte, las gaviotas sobrevolando las barcas de pescadores que regresan al puerto… y La marisma de Jesús entre mis manos, convirtiéndome en mejor persona, arrancando de mi rostro la máscara del héroe trágico, y exponiendo a la luz mis entrañas, descubriendo mi corazón a la dulzura, al amor, a la debilidad, a la belleza…

«La vida mía de cuando era un niño. Mi vida de niño no sonriente.

De los surcos creados tras cada sueño. De aquella Isla Chica.

De las espadas, el pincho, el aro de hierro,

los caballos de caña de cañaveral, la billalda.

El juego de los botones en el zaguán de mi casa.

La libertad de los callejeros perros.

El carbonero. Las bicicletas del portugués.

La palmera de las escalas. La gavia….»

Jesús, solo puedo terminar estas breves letras diciéndote gracias, gracias por ser como eres, gracias por permitirnos gozar de la belleza de tu alma, gracias por compartirla con todos.

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Acerca de Raúl Tristán

Psicólogo Col. Nº A-03021. Psicoterapeuta
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