Las Enseñanzas Zen del Maestro Lin-chi


 

Hace escaso tiempo que intento iniciarme  en la vía meditativa del Zen.

En ocasiones,  esporádicas “sentadas”  en plena Naturaleza, haciendo honor al ZaZen, que tanto esfuerzo nos cuesta a quienes tenemos una mente intranquila, una mente endiablada que no nos da respiro y que quiere continuamente encontrarse presente, intelectualizando toda nuestra existencia, absorbiéndonos sin cesar en un baile de ideas, proyectos, pensamientos…

En otras, las más, opto por el Zen de “vivir el momento presente“, aquel que pones en práctica en cada uno de tus actos:

Un monje le dijo a Joshu: “Acabo de ingresar al monasterio. Enséñame por favor”
“¿Ya has comido tu arroz?” Preguntó Joshu.
“Lo he comido” respondió el monje.
“Entonces será mejor que laves tu cuenco” le dijo Joshu.
En ese momento el monje quedo iluminado.

Aquel que despliegas mientras “pelas una cebolla”, mientras lavas los platos o pones una colada, planchas o vas camino del trabajo… cuando eres un observador … y estas y eres en el momento presente. Todas las actividades (sentarse, dormir, caminar,…), ejecutadas adecuadamente, son formas de meditación.

La complicada cuestión se limita a soltar la mente, a acallar nuestro intelecto…

Y no nos olvidemos de que El polvo de oro tal vez sea precioso, pero si cae en el ojo puede cegar (entender el sutra del Loto)

Las Enseñanzas Zen del Maestro Lin-chi, edición del Lin-Chi Lu a cargo de Burton Watson
Los Libros de la Liebre de Marzo
ISBN 84-87403-46-8

El presente libro constituye una recopilación de dichos del Maestro Ch´an  (enseñanzas introducidas en China hacia finales del Siglo V)  Lin-chi. En sus métodos, abundan los diálogos paradójicos entre maestro y discípulo, los golpes, los gritos, y otros actos aparentemente  incomprensibles e irracionales, que sorprenden al lector pero no al avezado estudioso del Zen, que ya conocerá sobradamente la finalidad oculta que encierran estas técnicas educativas tan poco usuales hoy en día en Occidente, debiéramos decir que afortunadamente. En el caso que nos ocupa, quizás en la extrema dureza de los métodos de Lin-chi influyera el ambiente de continuo enfrentamiento y desunión que lo rodeaba, militarizado al extremo, con una China durante 50 años sacudida por luchas intestinas.

Huelga decir asimismo, que en aquella época, y entre los monjes que pretendían introducirse con seriedad en la escuela Ch´an, era habitual viajar de monasterio en monasterio, recorriendo el país por completo hasta dar con aquel maestro o enseñanza que les resultara más afín o convincente. Por otra parte, si algo atraía de esta Escuela a las masas populares, era su empeño en extender a todos ellos la capacidad de acceder a la iluminación, no reservándola para unos pocos elegidos, así como su sencillez y simplicidad. En esta destacada característica influía el hecho de que, en general, no requería de la palabra escrita, separándose de la línea Mahayana, que tanto énfasis ponía en el conocimiento y dominio de los textos. De facto, Lin-chi incluso parece mostrarse ajeno y contrario a las creencias  del budismo en niveles y ámbitos de existencia. Se trata para Lin-chi de que toda la parafernalia de esfuerzo, caminos, patriarcas y budas, o entorpezca el avance hacia la compresión que, y en esto coincide con el Mahayana, es alcanzable para todos, dado que todos portamos en nuestro seno el potencial para la iluminación, al compartir la naturaleza de Buda, como se infiere de la doctrina del vacío o no dualidad.

Lin-chi hace referencia en relación a esta concepción, al que denomina hombre real sin situación, hombre real o persona real, quien no es sino aquel que ha alcanzado una auténtica comprensión del Tao, de la vía. Una vez más, lo que encontramos aquí es la base del pensamiento Ch´an: si queremos llegar, solo debemos de dejar de preocuparnos de las escrituras y doctrinas, de normas y de prácticas, y observar en nuestro interior y comprender que no hay meta por la que esforzarse, ya que estamos ahí…. Experimentar en su plenitud el hombre real, para ser personas sin nada que hacer, pero no ociosos. Simplemente dejaremos de perseguir ningún propósito, sin ideal lejano alguno, aceptando la experiencia tal cual nos sea presentada, y sin ser empujados o arrastrados por el entorno.

En este modo de ver las cosas, la única barrera que se alza entre el discípulo y su iluminación es la falta de fe en su propia capacidad, y su excesiva preocupación por los aspectos externos del budismo.

Para ello, no sirven las chácharas y discursos, y quizás el Maestro deba ayudar a su discípulo con la meditación, sobre todo el  ZaZen, muy importante en la escuela Ch´an; o con una entrevista en la que el Maestro intenta que el discípulo suelte su dependencia de la mente, del intelecto; o quizás de una de las técnicas que más  llaman la atención : los combates Dharma, intercambios no verbales entre discípulo y maestro, que incluyen gritos, golpes, y patadas… La razón de ser tanto de de los golpes, como de las patadas, como de los gritos sorpresivos, es que constituyen experiencias inmediatas de las cuales resulta imposible escapar, por lo que impiden que la mente pueda dominarnos e intelectualizar la situación.

Para finalizar, comentar que la estructura de esta recopilación se distribuye en cuatro partes: Subiendo al púlpito, conjunto de relatos en los que el maestro toma la palabra en el lugar de honor  y responde preguntas de los presentes; Instrucciones al Grupo, algunas de las charlas que impartió a sus monjes; Pruebas y Evaluaciones, o encuentros entre maestro y discípulos en los que se prueban unos a otros; y por último, en Hechos y Gestos, encontramos algunas de las experiencias vividas por Lin-chi cuando viajó por el país como monje.