Gracias Campofrío, gracias de corazón

Por fin se impone una atisbo de cordura en alguna parte de ese cerebro ausente que mostraban tener las cadenas televisivas de este país.

Esas televisiones plenas de ignorantes tertulianos barriobajeros extraídos de la más profunda sima de la imbecilidad; de periodistas apesebrados que olvidaron sus juramentos y promesas en pro de una información veraz y de interés, y que solo se llenan la boca con espumarajos de inmundicia rosa y amarilla; de presentadores adocenados, vendidos a la imagen cool, que carecen de escrúpulos cualquiera que sea la temática que han de tratar; de estúpidos y alelados espectadores  llenas; de ejecutivos y directivos carentes de la más absoluta ética que desconocen la palabra integridad…

Vendéis vuestra alma al share, a la cuota de pantalla, olvidando que a esa audiencia a la que decís reverenciar, se le debe un respeto, y además hay que educarla. Educarla en valores, en ética, en honestidad, en integridad, en todo aquello que en suma adorna y hace grande al ser humano, y que vosotras habéis cubierto con toneladas de vuestra diarrea mental más purulenta y contaminante.

Sí, contaminante y contagiosa, porque ese maldito virus que propagáis, debe ser erradicado de nuestros televisores, pues no construye sociedad, sino que alimenta seres corrompidos desde sus mismas entrañas.

Y ha tenido que ser una empresa, Campofrío, la que comience a poner cordura, negándoles el agua de la publicidad, la fuente principal de  la que beben todos estos malnacidos que han creado este pútrido modelo televisivo ignominioso.

Campofrío, desde aquí te doy las gracias por abrir la brecha que ha permitido que aun mantengamos en nuestros corazones la esperanza de un mañana sin basura en nuestros televisores.