Los pesados que nos ha tocado sufrir

Los pobres mortales que formamos parte de cada generación sufrimos, soportamos, padecemos, a ciertos ‘pesados’ que no desaparecen de nuestra vida por más que lo intentemos.

‘Plomos’ indestructibles y omnicanal

Asaltaba mi mente esta reflexión, a raíz de poner la radio en una emisora local. Uno de esos típicos pesados que parecen omnipresentes, taladraba mis oídos con su verborrea autocomplaciente.

¡No tenía bastante con aguantarlo en televisión… y en prensa, así como organizando o presentando eventos de la temática más peregrina (sabe de todo el chaval), que ahora asalta también el único espacio libre de su presencia que me quedaba!

El fenómeno se hace más gravoso en sociedades pequeñas, en sectores de más difícil acceso, en profesiones más corporativas y cerradas…

No, no diré su nombre. Es lo suficientemente conocido en esta tierra aragonesa, y goza de tal prestigio, que hacerlo supondría enfrentarme a las fuerzas vivas del terruño…

buitres

Foto: Pixabay.

Sagas familiares inasequibles al desaliento

  • Que tus ‘viejos’ críen fama, y  tú échate a dormir.

Sólo diré que de casta le viene al galgo, como a la mayoría de estos entes dotados del don de la ubicuidad: generalmente sus papás gozaron de determinada posición y fama, inteligencia y capacidad, y tenían una varita mágica con la que al parecer tocaron a sus vástagos…

En este aspecto, el siglo XXI no difiere mucho de la Edad Media  y épocas similares: por muy ceporro que uno sea, hereda la aureola de sus antepasados, que una sociedad aborregada confirma.

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El mensaje social vigente: No te esfuerces, sé un jeta

millennials jeta

Generaciones de jóvenes ya adolescentes al estilo del concurso ‘Gran Hermano’. Foto: Pixabay.

El mensaje hoy: sé un jeta.

Pertenezco a una generación que dicen fue educada en la cultura del esfuerzo, del sacrificio, de la responsabilidad, del mérito y de la capacidad. Una generación que pensaba que para ganar un partido había que sudar la camiseta y que para llegar a ser algo en la vida había que estudiar mucho y/o trabajar tanto más.

No sé si será para tanto. Yo al menos lo viví así.

Cosas de los chicos de la EGB. Tenías que echar horas para aprobar los exámenes, o machacarte los huesos en la fábrica si no tenías la suerte de haber podido estudiar. Todos queríamos ser algo en esta vida, y además queríamos tener aquellas cosas que se suponía debíamos tener: un buen coche, una enorme casa con jardín, una familia, poder salir de cena con los amigos, ir a esquiar, llevar un buen reloj, vestir bien…

Algunos lo conseguirían, otros, los más, no. Tampoco lo exigían. Tampoco se lo exigían a los demás. Sabían que la vida es así: tú debes forjarte tu destino, tú eres el único responsable de tus actos y de tus decisiones, tú eres el que debe sudar la camiseta, tu camiseta, para ganar el partido…

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La avaricia siempre rompe el saco

Que no está bien intentar aprovecharse de los demás es algo que sabemos todos, pero pocos practicamos.

En cuanto se nos brinda la pecaminosa ocasión, miramos para los lados por si alguien nos está viendo y, si no es así, “ancha es Castilla”.

Reflexiono al hilo del último caso de tocomocho que ha acontecido a un anciano de 70 años, que por querer ser más listo que “los malos” se ha quedado sin 4.000 euros, a cambio de cupones de la ONCE sin valor alguno.

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