Cada día que pasa reniego más de este país de ignorantes, de este terruño de palurdos y catetos, de paletos y sinvergüenzas, de imbéciles y de bobos, de ladrones, de gentuza bastarda, de idiotas engreídos, de prepotentes endiosados, de borregos sin cultura, de rebaños, de mulas pardas, de seguidores de la telebasura; de idólatras del Che, de Fidel o de la dictadura cubana; de jueces estrella, estrellados garzones, que se quitan los calzones ante la política eminencia; de gestores consistoriales, que a la mínima de cambio compran mesas y sillones, para sus posaderas repulsivas adornar con oropeles a costa del público erario; de gallardones que se sublevan por los carteles que a dos pies callejean, ganándose su honrado pan, o que las basuras pretenden rebuscar con inspectores del reciclaje, pero obvian las denuncias a decenas contra cancerberos de disco-bares que a la mínima asesinan sin piedad a los que de su cuerda no son; de gobiernos que subvencionan la soldada millonaria de quienes con hipotecas especularon, o empresas del automóvil, que lloran sus penurias a los capitostes locales, tras despedir sin recato a sus empleados, tras mantener los precios elevados de sus coches y autos; de carrillos que callan sus pecados, no sea que la memoria retorne al cerebro de los olvidados, y no solo los pequeños francos muertos sean juzgados, sino los vivitos y coleando de Paracuellos sean encausados; de moratinenses que a sus amigos, al otro lado del charco, le ponen el trasero para que a nuestras empresas expropien sin descanso; de maestros del absurdo; de demagogos; de “artistas” bien pagados por cúpulas que parecen sacadas del inframundo; de zapateros y de pepiños; de bibianas y chacones; de rajoys, sin ideas ni coraje…
País que mucho tiene que aprender aún de aquel al que más ha denostado: los EEUU, donde la democracia nos lleva muchos años de ventaja; donde un ganador Obama incluye entre sus filas a quienes contra él compitieron, y que mantiene líneas de acción comunes en las fundamentales causas, independientemente de que se trate de republicanos o demócratas…
A veces piensa uno que el mismo exilio sería más provechoso que intentar remedar nuestro sino. Al fin y al cabo, si los cabestros vara quieren, ¿quién soy yo para impedírselo? Al borrego que no desea dejar de serlo, ¡que le vaya bonito en su empeño!