Amazon SubPrime, cuando la niña bonita dejó de hacernos felices

 

  • Amazon me conquistó al satisfacer plenamente mi apetencia por caer en ciertos ‘pecados capitales’: la pereza, la avaricia, la soberbia…
  • Hoy, la niña bonita ha dado paso a una adolescente egoísta y alocada.

La tienda online Amazon, o la e-commerce shop del mismo nombre, que dirían los fatuos que reniegan de nuestra lengua común, el español, y se dejan seducir por la falsa superioridad del inglés, ha dejado de ser mi ‘niña bonita’.

Atrás, algo lejana ya en el tiempo, quedó la edad dorada de un modelo de negocio innovador, rompedor, demoledor incluso, que me hizo suspirar, embargado de emoción, pues me conmovió en lo más profundo de mi CANVAS espiritual, al encarnar algunas de las máximas fundamentales de los modelos empresariales que han hecho historia: presentaba una propuesta de valor claramente diferenciadora; una relación con los clientes tan especial que los hacía sentirse únicos; un canal de distribución llevado al máximo de la eficacia y eficiencia; etc.

Aunque si he de ser del todo sincero, a mí particularmente Amazon me conquistó al satisfacer plenamente mi apetencia por caer en ciertos ‘pecados capitales’:la pereza, de salir de casa a perder el tiempo de mi vida recorriendo comercios y tiendas, sin encontrar aquello que buscaba; la avaricia, al no querer pagar un precio que consideraba desproporcionado; y la soberbia, al considerarme ante su mirada como el Rey Sol, el centro del Universo conocido y plus ultra.

In illo tempore…

Sí, en ‘los buenos tiempos’ Amazon me ofertaba cualquier tipo de producto que pudiera soñar, incluso aquel que ni sabía que existía, o que se producía en la otra parte del mundo y jamás llegaría a mí por los canales convencionales.

Además, el precio que me encontraba solía ser el más competitivo; y, por si todo ello fuera poco, me lo ponía en la puerta de casa ‘casi que gratis’, sin cobrarme los gastos de transporte, maravillosa prebenda de ser Prime, un lujo que salía barato: 19,95€ al año (aunque había comenzado en los 14,95€).

Pero, no, “no se vayan todavía, aún hay más”, que diría Súper Ratón: la gran mayoría de los pedidos me llegaban en 24-48h como máximo, con una trazabilidad perfecta de los mismos, y con fiabilidad cuasi que absoluta: sabía cuándo me iba a llegar un paquete, y de ese modo podía programar mi jornada laboral de acuerdo a esa previsión. Incluso los repartidores sabían qué hacer si yo no estaba en casa. Nos conocíamos, y había confianza.

Como colofón, añadiría una cuestión nada baladí: con Amazon, hasta el habitante del rincón rural más perdido y con peores comunicaciones de España, podía sentirse igual de privilegiado que el urbanita de la ciudad más cosmopolita de nuestro país. Ahí es nada, ¿no creen?

O tempora, o mores…

…la alegría ha durado poco.

De un tiempo a esta parte, Amazon ya no me hace tan feliz, y donde Matt Monro nos cantaba aquello de:

“Qué tiempo tan feliz 
Vivimos tú y yo 
En nuestros años 
De loca juventud.”

Ahora diría:

“Nuestros sueños pronto se esfumaron 
La vida nos daría su lección.” 

La niña bonita Amazon comenzó a darme calabazas.

Así, y siendo tan sólo una opinión en base a mi propia experiencia, creo que ha habido una serie de movimientos negativos, que aparentemente serían los siguientes, entre otros:

En primer lugar parece haber una clara decisión de poblarse de comercios externos ‘chinos’, hasta el punto de parecer un clon de AliExpress, lo que afecta negativamente en varias cuestiones relevantes: la calidad de los productos desciende vertiginosamente; la seguridad de recibirlos, desaparece; los tiempos de recepción, son un misterio digno de ‘cuarto Milenio’…

En segundo lugar, la más evidente, la subida del coste de ser Prime hasta los 36€…

En tercero, los precios ya no son tan competitivos. Es más, algunos productos pueden encontrarse en ocasiones más baratos en comercios tradicionales, en sus propias tiendas online o en el chino de la esquina… Uno de los últimos que adquirí fuera de Amazon me supuso un ahorro del 25% (casi 30€).

En cuarto, los tiempos de entrega, la trazabilidad y la fiabilidad de recepción… se han esfumado. Gran parte de los envíos parecen ser gestionados ahora por Correos. Al menos, así lo he observado yo. Y sinceramente… el servicio deja mucho que desear: trazabilidad pésima, tiempos de entrega con demoras constantes, fiabilidad tipo ‘Chi lo sa?’… Las sospechas de financiación pública de un servicio privado se ciernen sobre Correos, considerado en el sector como ‘operador tóxico’. ¿Volvemos al monopolio, y a un servicio pésimo ‘funcionarizado’?

Quisiera finalizar mi reflexión con una Carta a los Reyes Magos de Amazon.

Querido Amazon:

Me gustaría seguir contando contigo para hacerme feliz, pero últimamente creo que me estás trayendo carbón. Y eso que me porto muy, muy bien contigo.

Te pediría que dejaras de perder calidad en los productos, que te olvidaras de tanta ‘tienducha’ sin garantías; y que volvieras a confiar en las empresas de mensajería rápidas y fiables que tenemos en España, y no en Correos, por favor. De ese modo volverías a traerme mis paquetes en tiempo Prime, sabiendo yo dónde se encuentra el paquete, cuándo me va a llegar exactamente y sin demoras injustificadas.

Y no me ‘regales’ más negocios de esos que se te van ocurriendo, si por ello me vas a subir la cuota anual. ¿De acuerdo? Gracias.

El presente artículo no fue admitido por el Comité Editorial de El Economista para publicarlo en mi columna, tras remitirlo para su evaluación el 18 de diciembre de 2018. Una lástima... 
Avatar

Acerca de Raúl Tristán

Facilitador de Desarrollo Personal y de Grupos de Crecimiento. Coach. Mentor. Terapeuta.
Marcar como favorito enlace permanente.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.