Homo quaerens, ser humano en busca de respuestas

  • Al principio me asusté, pues pese a no dominar el latín, profeso hacia esa lengua (como hacia el griego clásico) una sublime adoración que nace de venerar los orígenes de nuestro común instrumento de entendimiento, pese a que muchos lo denosten: el castellano/español; y, por supuesto, hacia las locuciones latinas y otras expresiones que nos legaron los inmortales, y jamás en exceso reconocidos, padres de la civilización occidental.
  • Y también, viene bien recordar el latín en estos aciagos momentos, en los que los unos y los otros han olvidado (o quizás ignoran, lo cual me resulta más probable) que ya los Estados Unidos de América se fundaron sobre la base del proverbio latino “E pluribus unum”, y que en este caso podría entenderse como “De muchos (países), un solo (país)”.

homo quaerens preguntasPero no, no voy a hablarles de Cataluña, ni de España. Reconozco que esa fue, hará ya más de una decena de días, mi primera intención. Al principio, mis palabras, plasmadas en un borrador de Word, y convertidas en dardos envenenados, se hundían con saña en las carnes macilentas de los antipolíticos que nos ha tocado vivir.

En las de los unos, y en las de los otros. En las de aquellos, por no conducir sus reivindicaciones por los cauces legítimos, y exaltar a las masas a la rebelión, poniendo a los ciudadanos ante portam de una guerra civil (¡qué pronto olvidan algunos la reciente tragedia que nos destruyó por generaciones…!).

En las de estos, por ser quienes durante más de treinta años, han creado a una bestia incontrolable, en lugar de haber tratado, desde el principio, de entender al otro y haberle dado un cauce adecuado a sus reclamaciones.

 

¿Homo quaerens?

Pero retorno al tema de mi titular: ¿Homo quaerens?

La misma cara de sorpresa que a la mayoría de ustedes, se me quedó a mí. Y como no soy de quedarme sin saber algo que escapa a mi comprensión. Conozco muchas especies del género Homo: desde el habilis hasta el sapiens de Linneo, pasando por el erectus, el antecessor, el neanderthalensis y un largo etcétera.

Conozco también otras ‘especies’ del género Homo, de origen más filosófico, antropológico o sociológico que biológico: el Homo faber, de Bergson; el Homo ludens, de Huizinga;  el Homo politikon, del Zoon politikón de Aristóteles; el Homo œconomicus, de los críticos de Stuart Mill… e incluso el triste Homo consumericus en que hoy nos hemos convertido, haciendo que el barro modelado por los dioses, sea nuevamente lodo…

¿Homo quaerens? La pregunta me surgió a raíz de un extraño hilo de Ariadna… uno de esos con los que la maravillosa sincronicidad del Universo te provee, en ocasiones, cuando realmente ‘estás despierto’…

Aún no sé cómo llegué desde la seriedad de LinkedIn hasta el humor de un curioso tipo que hablaba sobre el cambio de frecuencia del LA de 432Hz a 440Hz.

Gracias a él, gracias Barthe, caí en un tuit de su tuitline, en el que aparecía mi admirado Javier Sierra, aragonés que a lo largo de muchos años de trabajo, de esfuerzo, de estudio y dedicación a los mundos que tan magistralmente domina: la literatura y lo desconocido, ha alcanzado, por fin, su merecido premio Planeta, y ha recordado a todos  que ‘Teruel, sí existe’.

Pues bien, he aquí que Javier Sierra se define en su perfil de Twitter como “Homo quaerens”.

Y yo…¡yo no sabía que quería decir con ello! ¿Quaerens?

Rápidamente busqué en “El Libro gordo de Petete” de nuestra era… la Wikipedia… Y ¡nada!

No podía ser. Me encontraba perdido… acudí entonces a San Google… ¡y bingo!

Había alguien que sí sabía de qué estábamos hablando: el terapeuta Jorge Casesmeiro hacía  precisa referencia, en uno de sus artículos, incluido en un boletín del Colegio Oficial de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias de la Comunidad de Madrid, a la expresión Homo quaerens…  ¡Estaba salvado!

Homo quaerens, el ser humano que se pregunta, el ser humano que se interroga, el ser humano que busca respuestas… Clic para tuitear

Y es así, cómo hoy me siento uno más entre los millones de Homo quaerens que miran hacia el exterior (el macrocosmos) y hacia el interior (el microcosmos) planteándome preguntas y en busca de respuestas.

Homo quaerens, el ser humano que se pregunta,

el ser humano que se interroga,

el ser humano que busca respuestas…

Y es también por ello, que exhorto a los políticos españoles a incorporar de verdad, con auténtico peso, la Filosofía en el currículo educativo de nuestros hijos. Para que nunca dejen de hacerse preguntas, para que jamás dejen de buscar respuestas.

Aunque, como soy escéptico respecto al deseo de los políticos de educar ciudadanos libres y pensantes… mi biblioteca particular abastecerá al menos a mis hijas.

[Publicado el 30/10/2017 en mi columna de El Economista.]

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Acerca de Raúl Tristán

Facilitador de Desarrollo Personal y de Grupos de Crecimiento. Coach. Mentor. Terapeuta.
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