Emprender en el sector de los medios de comunicación audiovisual

El sector de los medios de comunicación audiovisual

Foto: Pixabay

Foto: Pixabay

En mi anterior artículo os contaba la experiencia de intentar crear una pequeña productora audiovisual local. Pues bien, aún sin haber terminado dicha etapa, llegó como caída del cielo… ¡la locura de tener una cadena de televisión o una emisora de radio propias!

Y es que cuando las ideas le rondan por la cabeza a un emprendedor compulsivo, terminan por alinearse los astros en el firmamento para aportar su granito de arena. En nuestro caso, el de mi ‘eterno socio’ y yo, un proyecto lleva a abrir las puertas de otros.

Un proyecto que finalmente no sale adelante por “no terminar de verse claro” no es un proyecto fallido, sino un proyecto acertadamente descartado.

 

Haber entrado en contacto con tantas personas diferentes, con el fin de montar una productora audiovisual, provoca movimientos casi que predecibles en el seno de las fuerzas vivas locales del sector. De ese modo, lo mismo que aparecieron profesionales interesados en el proyecto, también se dieron cita desde espías de productoras que trabajaban para la televisión autonómica, bien apadrinadas por alguien de la casa que se lleva su porcentaje; hasta quienes tan solo pretendían encontrar un hueco en el mercado laboral, a base de poner en relación a diferentes emprendedores. Y este último fue el caso que nos llevó a plantearnos otros proyectos: la productora no tenía visos de venir al mundo en un corto espacio temporal, y por ello a alguien (me permitiréis omitir nombres en todos los casos) que había seguido el proceso con ‘ansiedad laboral’ y como intermediario, se le ocurrió que quizás estaríamos interesados en hacernos con los derechos de una cadena de televisión local.

El aperitivo

comunicación audiovisual

Foto: Pixabay

Bienvenidos a un sector más que intervenido, controlado y complejo: el de los medios de comunicación audiovisual.

Entrar en el sector de la comunicación audiovisual (ya sean a través de la explotación de una cadena de televisión o de una emisora de radio) no es fácil. Los doce trabajos de Hércules son ‘peccata minuta’ en comparación con ello.

Todo lo que hace referencia a las comunicaciones audiovisuales y al espectro radioeléctrico padece una intervención y control aberrantes, abusivos e incluso delictivos, por parte de las administraciones públicas, y la razón de por qué es así, resulta algo evidente al entendimiento de cualquiera.

Lo primero que debe quedar claro es que no pretendo que el uso que se hace del espectro no se halle controlado (es lógico que deba ponerse orden en el mismo, en tanto en cuanto es limitado, debe repartirse y debe garantizarse un servicio de calidad, libre de interferencias, de emisiones indeseables, etc.); eso no se discute. Lo que sí es discutible, y es precisamente cuando el problema aparece, que sea la politizada administración de una comunidad autónoma, en asunción de su “competencia” en la gestión de la comunicación audiovisual, la que haga un uso de la misma que podríamos calificar de fraudulento, mediante el control de las licencias y la discrecionalidad en su otorgamiento.

Sí, y digo esto porque el de la comunicación audiovisual no es un negocio de libre acceso: es un negocio al que solo puedes acceder (legalmente) a través de la concesión de una licencia (cuando se emplean ondas hertzianas terrestres).

Y al igual que ocurre con las competencias educativas, las competencias en materia de comunicación audiovisual son un campo de cultivo excelente para lograr el control y la manipulación social. Ambos campos constituyen plataformas desde las cuales ejecutar las acciones de ingeniería social que los partidos políticos, sindicatos, y cualquier otro lobby o stakeholder tiene interés en implantar.

Por Ley, el poder político está en disposición de determinar quién va a poder acceder a una licencia de radio o televisión, bajo qué condiciones y en qué momento. Y pese a que se proclame en voz alta la transparencia y lo público de los concursos para el otorgamiento de dichas licencias, lo cierto es que la decisión final es un juego de poder en el que todos los ases están ocultos en la manga del gobierno de turno.

No hay más que echar un vistazo a los requerimientos que se exigen en los pliegos de los concursos: un aluvión de innumerables trámites e inasumibles condiciones, y un baremo de puntuación fácilmente escorable, cuya única finalidad es asegurarse de que las escasas licencias “liberadas” caigan en las manos adecuadas, o al menos en manos esclavas y sumisas.

Si a ello añadimos que:

– Existe un número elevado de frecuencias huérfanas, que no salen a concurso, y el número de las que salen es reducido…

– Se conceden licencias por un número de años tal, que puede ocurrir que solo tengas unas escasas posibilidades en tu vida de acudir a concurso. Evidentemente, la concesión debe ser por un número de años suficiente como para recuperar la inversión realizada y obtener beneficios, pero entonces, debe existir un mayor número de licencias en movimiento en el mercado…

– De las licencias concedidas, una parte de ellas son en ocasiones secuestradas por empresas que no las están explotando, o no lo hacen adecuadamente, o sencillamente las alquilan a terceros? con la consecuencia de que se pervierte la finalidad del concurso, que es abrir el abanico de medios en aras de la pluralidad informativa. Así, el de los medios audiovisuales, acaba por convertirse en uno de los negocios “chanchulleros” más relevantes del “capitalismo de amiguetes” y del “mercantilismo de Estado”.

– La normativa legal es tan estricta y exigente, tan exageradamente absurda, tan demencial, tan imposible de llevar a cumplimiento, que efectivamente el saltarse la ley o bordearla peligrosamente, con riesgo de caída del funambulista, es el flagrante modus operandi habitual. Por si fuera poco, se lleva a cabo con el consentimiento de la administración (y la intervención de algunos gabinetes jurídicos, cómplices, cooperadores o colaboradores necesarios), que hace la vista gorda generalmente, por lo que resulta obvio que la normativa existe con una única finalidad: la de poder aplicar todo el peso de la Ley exclusivamente cuando interese dejar fuera de la partida a un jugador determinado. Así, mientras se representa una obra de teatro con personaje principal la apariencia de pluralidad informativa, en el fondo existe un acuerdo tácito de “vamos a llevarnos bien” y “entre nosotros no nos vamos a putear”, ya que “el que se mueve no sale en la foto” que decía el empanado (por lo de la pana) asesino de Montesquieu. Y esta situación es la verdadera espada de Damocles que pende sobre las cadenas locales, que caso de ser sancionadas se verían obligadas directamente a cerrar, dadas las inconcebibles multas que pueden llegar a imponerse.

Se deduce de todo ello que el gobierno de una comunidad en la que se haya creado una radiotelevisión autonómica, tiene un único interés: seguir engordando con el dinero de todos los ciudadanos a su monstruo devorador de presupuestos y generador de manipulación y propaganda, e impedir el desarrollo eficaz de los medios locales privados que puedan lanzarse a la aventura de intentar salir al aire.

Ante esta situación, los medios locales no pasarán de ser un mero juguete, el entretenimiento empresarial de algún loco, de algún librepensador. Mediocres en sus emisiones, pues tendrán peor señal y cobertura, escasos medios y personal; se verán en todo momento superados por el Leviatán del medio público, que pese a ahogarse en deudas será alimentado con millones de euros de nuestros bolsillos, mientras los privados sobrevivirán a duras penas luchando contra la competencia privilegiada y desleal de aquellos, y rezarán arrodillados para que la guillotina legislativa que amenaza su cuello no termine por deslizarse hasta el mismo.

“Creemos que la existencia de medios de comunicación públicos en pleno siglo XXI, es un anacronismo cuyo mantenimiento únicamente puede ser defendido por aquellos que pretenden ejercer, con evidente derroche de dinero público, un control gubernamental sobre la población, a nivel ideológico”. (El Club de los Viernes, liberalismo de trinchera).

Medios de comunicación audiovisual

Si quieres una televisión, yo tengo una

Pues bien, X que trabajaba para Y, que tiene alquilada una licencia a Z, nos dice que Y desea deshacerse de ella, y que por unos 75.000? tenemos una licencia en la mano. A esta cifra habría que añadir los costes mensuales del centro emisor (luz, antena, mantenimiento…), los de infraestructuras, y los operativos de funcionamiento. Vamos: varios miles de euros mensuales. Huelga decir que sin un socio capitalista fuerte, el proyecto se hace inviable, pero más echa para atrás la cuestión del ¿por qué estos temas se tratan siempre con intermediarios, que dicen hablar en nombre de un tercero, y por supuesto entre bambalinas?

Ciertamente, este tipo de propuestas no terminan de verse claras, y las sospechas de llegar a meterse en un cenagoso pantano, se ciernen sobre las mismas. Así que si no llegas a hablar directamente con el supuesto propietario, mejor no seguir avanzando. (Averiguaciones posteriores nos darán la razón: hay más parte implicadas en la operación. Siempre hay un peldaño más que subir, para encontrar al verdadero dueño del cotarro mediático).

La radio

En cuanto a la radio, otro tanto.

Foto: Pixabay

Foto: Pixabay

No nos acaban de ofrecer una televisión, que nos ofrecen una emisora de radio, con un socio, administrador único, puesto en la puerta, que tiene ya todo organizado: una inversión reducida; los equipos; el personal; y un proveedor que nos alquila la frecuencia. Hasta el nombre de la mercantil está ya listo. Solo queda encontrar un local adecuado y un partner radiofónico a nivel nacional.

Cuando ya está todo acordado (incluso se ha contactado con alguna que otra cadena nacional para emitir su parrilla), y las escrituras se encuentra encima de la mesa para firmar al día siguiente, el instinto, desconfiado y a veces hasta paranoico, lleva a profundizar en la investigación de licencias, frecuencias y proveedores. Nadie es claro y todo son medias tintas, poco o nada por escrito… No queda otra que arrancar la verdad a la fuerza, y a base de hacer algo que se me da bien, un ‘Bruno Galván’. Internet lo escupe todo, finalmente:

Del total de emisoras que en la ciudad emiten, un escaso número de ellas (que suele coincidir con las grandes cadenas nacionales) poseen licencia de emisión.

El resto, sobre las que se hace esa vista gorda que comentábamos antes, suelen ocupar frecuencias llamémoslas libres. Algunas llevan años emitiendo en esa situación que algunos apellidan alegal, y con manifiesto ánimo de lucro. Es más, su parrilla y denominación acaban siendo las de una emisora nacional, que quiere expandirse y busca quien le sirva de cabeza de playa. ¿Cómo puede darse el caso? ¿Qué vericuetos legales existen? A ellas acuden a tertulias y entrevistas personajes de la vida política, cultural y empresarial, pese a hallarse en clara situación irregular.

Cuando rondas por estos lares, surgen tipos y empresas que realquilan centros emisores y frecuencias, nuevamente en nombre de terceros, y ofrecen hasta el mantenimiento de las infraestructuras, por precios que rondan desde los mil hasta los tres mil euros. Un nudo gordiano difícil de deshacer: un intermediario, alguien con la infraestructura necesaria para emitir y con una frecuencia libre que ofrecer, y el último peón, una persona o mercantil deseosa de disponer de una frecuencia, la infraestructura y su mantenimiento, para llevar a cabo la explotación. Porque ‘los otros’ no quieren explotar nada que no sea unas infraestructuras de comunicación a las que no pueden dar salida, y una frecuencia que ‘han pillado’ porque al parecer no es de nadie.

Y viene la pregunta del millón: “Para la frecuencia que nos ofreces, habrá detrás una licencia, ¿verdad?”. Silencios, o evasivas, hasta que no queda más remedio que admitir que no hay licencia. “Pero, ¿entonces?”. “El 90% está así”, dicen los intermediarios y arrendadores. “En esta comunidad hay calma. Nadie quiere levantar la liebre. Es imposible que la administración se meta con este tema”. No pasa nada mientras no molestes a las legales, y para ello lo mejor es estar en una frecuencia separada de ellas en al menos tres kilociclos. ¡Madre de Dios si estoy aprendiendo!

O sea, que si quieres tener una radio absolutamente legal, resulta prácticamente imposible, porque la administración controla con cuentagotas las licencias que concede, y mientras tanto hay infraestructuras que se pudrirían si no fuera porque son explotadas por emisoras que podríamos tildar de piratas y que hacen uso de frecuencias que no han sido concedidas.

Resulta curioso comprobar que durante días, y pese a negar esta circunstancia incluso por escrito, me está resultando imposible consultar el Registro Público de Concesiones de Telecomunicaciones que mantiene el Ministerio de Industria, Energía y Turismo (también hay registros autonómicos), pues da el siguiente mensaje: “En este momento no es posible realizar la consulta. Por favor, inténtelo más tarde”. Así, sin un “gracias” ni un “disculpen las molestias”, y todo a raíz de unas consultas que llevé a cabo al respecto de concesiones de licencias de radio y televisión, que me llevaron a concluir que:

– Se da una concentración de licencias en determinadas ‘fuerzas vivas’ de la comunidad

– Algunas de esas fuerzas vivas parecen no explotar las licencias, o al menos no todas

– Curiosamente, esas fuerzas vivas controlan medios televisivos, radiofónicos, prensa digital y papel, y otros negocios así mismo estratégicos

De lo que volvemos a deducir que puede que se hagan con las citadas licencias, en connivencia con el poder político de turno, para evitar la existencia de medios de comunicación verdaderamente libres e independientes.

Cuando escribo esto, el acceso al Registro continua inaccesible, quizás porque la información es en exceso sensible y reveladora. ¿Quién posee determinadas frecuencias de radio o canales de televisión a nivel local? ¿Quién las explota realmente? ¿Por qué no se sanciona a quienes no las explotan? ¿Por qué se favorece el oscuro negocio del realquiler de las licencias, en lugar de exigir que aquel a quien se le han concedido sea quien las explote?

Para colmo nos ofrecen nuevamente otra tele, incluso con contenido, y otra emisora… Increíble.

Misterios que ni Íker Jiménez podría resolver.

[Artículo publicado en mi columna en elEconomista.es el 14/06/2016 ]

Acerca de Raúl Tristán

Facilitador de Desarrollo Personal. Terapeuta.

Enlace para bookmark : Enlace permanente.

Deja un comentario