La fiebre emprendedora: emprendedores por decreto

Emprendedores: o todo el mundo puede tener un negocio

"En este país de la subvención, la moral judeocristiana caló hondo"
Emprendedores por decreto

Emprendedores a la voz de ¡ar! Foto: Pixabay.

“¡Hágase emprendedor!”, parece haberse convertido en la expresión de moda en nuestros días, lo que en lugar de alegrarme, me causa cierta desconfianza: en España, por tradición ancestral, se ha denostado a aquellos que pretendían vivir de un negocio propio, es decir, los empresarios. “El 95% de lo que te cuenten sobre los emprendedores es mentira podrida”

Porque no hay que llevarse a engaño: un emprendedor no es sino un embrión de empresario aguardando el fin del periodo de gestación. Y sí, se lo digo alto y claro a todos aquellos que echan pestes del empresariado, y sin embargo se creen muy modernos tildándose de emprendedores…

¿Qué ha ocurrido entonces en España? ¿Ha bastado el solo cambio de denominación para lograr que una figura odiada, pase a convertirse en el ideal que todos debemos ser? No me lo creo.

Los españoles no son emprendedores

Dejemos unas cuantas cosas claras. En primer lugar, al español no le viene de casta eso de emprender. Por Cultura. Porque si algo se ha cultivado en nuestro terruño patrio es el modelo de vividor de la Corte (hoy día sus representantes coparían los programas de televisión y despacharían junto a Jorge Javier) o el del buscavidas sin dónde caerse muerto (como lo fueron los erróneamente llamados conquistadores de las Américas: hombres que huían de la miseria, y así dejaban de ser unos destripaterrones, o que escapaban de los crímenes cometidos. En todo caso en busca de El Dorado: un El Doradoconformado por hembras a mansalva, oro a espuertas y alguna que otra cuota de poder).

Y es que en este país de la subvención y el compadreo, la moral judeocristiana caló hondo: el rico es un tipo muy malo que no pasará por el ojo de una aguja… pero ese rico es el mercader, o el que crea riqueza con el fruto de su trabajo y esfuerzo. Así que trabajar duro y tener éxito es cosa de ‘malas gentes’.

Todo lo contrario se ha fomentado en los países de la órbita protestante, donde quien tiene éxito en esta vida está mejor visto a los ojos de Dios, así que sus ‘buenas gentes’ se afanan en idear negocios que les hagan ganar más dinero y de ese modo alcanzar el cielo, sin perder la tierra. ¿Captamos la diferencia?

Izquierda caviar

Por supuesto, también han hecho mucho daño la “izquierda caviar”, que mientras demonizaba a los empresarios hacía lo posible por vivir incluso mejor que ellos. O el neoliberalismo de la derecha, dedicado a privatizar empresas públicas para regalárselas a sus amigotes, jugar a Monopoly de la corrupción, o encumbrar a auténticos delincuentes y estafadores a la cabeza de las organizaciones empresariales.

En segundo lugar, la inmersión en el mar del emprendimiento se está haciendo sin que se haya creado una Cultura emprendedora de base sólida y bien cimentada:

– El momento no es el más adecuado (emprender por necesidad y no por convicción no es lo más idóneo);

– la formación no es siempre la correcta y el asesoramiento y acompañamiento que se realiza debería mirarse con lupa (en torno al incauto emprendedor han surgido miles de asesores, formadores, coaches, mentores… de dudosas capacidades o cualificación);

– las condiciones legales, la burocracia y la carga impositiva, tasas, cuotas, etc. no son en absoluto favorecedoras, por más pseudoleyes de apoyo al emprendedor que finjan promover.

Intereses ocultos del Estado

En tercer lugar, hay intereses espurios ocultos en esta moderna fiebre del oro del emprendimiento: los del impersonal Estado, despreocupado de las trágicas consecuencias que para las personas pueda tener el lanzarlas a emprender (sin saber, querer, y/o poder), como buen Leviatán.

Así, el Estado solo se muestra interesado en desprenderse de la pesada carga que le suponen los millones de desempleados, y pretende reducir las cifras del paro desde una visión cortoplacista suicida, y que es la misma que guía a los gobiernos: a cuatro años vista, de urnas a urnas.

Tras las anteriores reflexiones, la pregunta que yo planteo es la siguiente: ¿Todo el mundo puede/debe emprender? Según papá Estado, la respuesta es sí; pero yo digo: ¡no!

[Publicado en elEconomista.es el 01/06/2015]

Acerca de Raúl Tristán

Mentor de Desarrollo Personal, Profesional y de Negocios.
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