Regreso al café de los corazones rotos: terapia lectora

Regreso al café de los corazones rotosRegreso al café de los corazones rotos, de Penelope Stokes, no nos resulta una obra novedosa en tanto en cuanto que hace ya cuatro años, allá por 2010, Vergara traía a España El café de los corazones rotos, que aparecería posteriormente, en Zeta Bolsillo en 2012, y suponía el anticipo de este ‘regreso’.

Ciertamente ha habido una excelente labor de naming, de trabajo de marketing de nombre, para titular la obra en español, trocando el insulso título original “The Book of Peach” en el citado y, aunque la denominación en inglés pueda resultar más aproximada al contenido narrado, no deja de referir a un ‘diario más’, de los que el más conocido a fecha de hoy, y lamentablemente, casi que por delante del de Anna Frank, es el de Greg… Así que me sedujo la referencia que se insinua veladamente al Heartbreak Hotel del blues de Elvis,  y abrí sus páginas…

Desde el comienzo, la infancia de la autora, su experiencia vital, se impregna en el texto: la protagonista, Peach, es una “auténtica dama sureña”, como un alter ego  de Penelope  Stokes, ‘hija’ del Misisipí.

El Sur. El Sur  y su modelo de femineidad. Lo que se espera de la mujer en el seno su sociedad. Qué es y qué no es ser una ‘dama sureña’, y la carga que supone para la mujer que desee ser fiel a ese constreñido patrón… o para la que pretenda rebelarse contra su tiranía.

Como Peach, que se opone, a su modo, entonando para sus adentros la salmodia revolucionaria de una expresión que cree hace referencia a las brujas: ¡Puta!

Erraba Peach, pero se largó, se zafó de aquel ambiente opresor, de esa atmósfera asfixiante, jurando no regresar jamás… Y hasta ahí, tan solo el preámbulo.

Estructurado en tres partes: Antecedentes, Evolución y Reconciliación, supone toda una senda que se recorre desde la huida, antes que el sometimiento, hasta el perdón…

” Mi psiquiatra tiene la culpa de todo.

El punto de inflexión se produjo la semana que cumplí cuarenta y cinco años…” (página 15).

Una crisis. Contemplar lo que ha sido hasta ese momento tu vida y darte cuenta de que has pasado por ella tan solo como una errática sombra.

Y la necesidad de hacer borrón y cuenta nueva, de  tomar las riendas de tu destino. Y para ello tener que desandar el camino, y cruzar puentes que creías haber destruido…

El pasado, que siempre nos persigue, y es responsable, en gran medida, de lo que hoy somos. Avanzar en la vida, a veces implica… regresar a la casa de tus padres.

Psicoterapeuta, Prozac…

“Esto es una mierda”

Tomar entre las manos los álbumes de fotos de la infancia, y descubrir en ellos

“algo secreto, escondido a plena vista” (página 41)

“Jamás encajé en el mundo que mi madre había creado” (página 52)

Un punto de inflexión muy anterior: los seis años. El verano que cambió para siempre la forma en que veía a su madre, a su abuela… y se veía a si misma. Una abuela pasiva-agresiva… Manipulación, control…

Una dama sureña siempre consigue lo que quiere” (página 81) decían ellas, pero Peach ya no era Priscilla:

Tomé partido por los desvalidos” (página 81)

La máscara de la simpatía, mantener las apariencias a toda costa, a cualquier precio… y aprender de otros que uno debe ser consecuente consigo mismo, tener sus propios criterios y valores.

“No quiero vivir más de este modo” (página 120)

El sexo, la religión, la familia, el amor…

“Lo que cuenta es la imagen” (página 123)

Una lápida en el cementerio: “La pequeña Peach” Y espirituales negros, unos ojos castaños, la aprobación de la madre… siempre buscando la aprobación de la madre. Una madre que nunca  se encuentra satisfecha…

Una historia que muchas mujeres podrían perfectamente aplicarse, y a las que podría servir de revulsivo, de terapéutica lectura para cambiar el rumbo de sus vidas…

Acerca de Raúl Tristán

Facilitador de Desarrollo Personal. Terapeuta.

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