Comunicar es “conectar” con nosotros mismos

En esta ocasión, para no aburrirles ni saturar en exceso sus mentes tras el asueto estival, me gustaría tan solo plantearles una reflexión en apariencia banal, y que aunque trascendental en sus consecuencias, no va a suponerles un enorme esfuerzo intelectual,  que como he dicho no pretendo, sino de índole más sutil, y quizás por ello requiera sí de un esfuerzo profundo de nuestro Ser… y no, no estamos hablando de temas esotéricos, no teman.

Supongo que muchos de ustedes se han enfrentado a lo largo de sus vidas, y se enfrentan incluso casi a diario, como yo, a situaciones en las que tienen que ponerse delante de una audiencia, y transmitir un mensaje a dicha audiencia. Y por transmitir a una audiencia podemos entender un abanico muy amplio de circunstancias, con entornos y receptores muy diversos.  Estamos hablando del sacerdote que cada domingo sube al púlpito en su homilía; hablamos del profesor que cada mañana se sitúa delante de sus alumnos parta explicar la lección; hablamos del comercial que ofrece su cartera de productos o servicios a un cliente; hablamos del jefe de un departamento o área de la empresa que expone ante sus colaboradores, o ante el Comité de Dirección, sus proyectos, logros o fracasos…  hablamos del escritor que se sienta ante la hoja en blanco; del periodista que imagina su columna de opinión; del locutor de radio que observa el micrófono o del presentador de televisión que mira a la cámara, antes de que se encienda la luz on the air; del conferenciante; del tertuliano…

Para todas esas situaciones, los manuales de comunicación nos aportan una serie de reglas o normas que debemos cumplir, recomendaciones, como la claridad, la sencillez, la coherencia, la naturalidad…[1];  es decir, se preocupan de marcarnos cómo debe ser en forma y contenido[2]. Pues bien, si hay algo que mi experiencia en dichas tesituras me ha enseñado es que por muy perfecto que sea nuestro discurso en forma y  contenido, o por el contrario, por imperfecto que en cierta medida pueda parecer, el factor fundamental que va a marcar el éxito de nuestra comunicación, es cuánto de nosotros mismos ponemos en ella. Podemos tener una apariencia fantástica, disponer de una presentación multimedia impresionante, ser unos conocedores absolutos de la materia que tratamos… pero si no somos nosotros quienes transmitimos, nada de ello servirá para llegar a nuestra audiencia. Se transmite desde lo más profundo de uno mismo, desde el Ser[3], desde el Si-mismo; que no es nuestra mente analítica cargada de conocimiento; no desde nuestro ego, no desde nuestra racionalidad… Se transmite sabiendo quiénes somos en realidad, quiénes no queremos aparentar ser, aceptándonos, poniendo nuestro corazón y sentimiento en aquello que transmitimos, actuando como sentimos que debemos actuar y no como creemos que debemos hacerlo, alejándonos del temor al juicio y a la valoración externa. Se transmite viviendo desde lo más profundo aquello que transmitimos, haciéndolo nuestro, sintiéndolo nuestro. Siendo auténticos.  El resto, son frías informaciones que no alcanzarán sino a los niveles mentales del auditorio…

Entiendo que es difícil conectar con uno mismo, sobre todo cuando muchos no saben (o sabemos) quiénes son en realidad, tras toda una vida sumidos en creencias, en condicionamientos, en modelos, todos ellos externos, ajenos por tanto. Y sin embargo, sólo conectando con nuestro Ser interior, podremos comunicar y hacer llegar nuestro mensaje, porque haremos desaparecer la aparente, la falsa, separación existente entre la audiencia y nosotros.

“Hay personas que hablan porque les parece que no hay más remedio que hablar, para hacer algo. Hay otras que descubren que el hablar es un modo de quedar fantástico y a la que te descuidas te largan un discurso de miedo, esperando aplausos, claro. Luego llega un momento en que se ve que hablar es un sincerarse, un expresar lo más íntimo, lo más auténtico, por el gusto de hacerlo, sin esperar nada, sin depender de nada. Después se puede descubrir que este gozo de ser totalmente expresión sincera puede ser a la vez un medio para comunicarse y para, de algún modo, ser útil al otro, y luego también se da cuenta de que todo eso ya funciona solo y que no es uno quien habla.”[4]

Antonio Blay

** Artículo publicado en el nº 43 de la Revista Ley Actual, gaceta jurídica para las Pymes, en su Sección Comunicación, distribuida el primer martes de mes con el diario económico Expansión.


[1] UGT-AENA. Recursos para una eficiente expresión oral. [en línea][ Escuela Julián Besteiro], <http://ugt-aena.galeon.com/oral.html> [Consulta: 13 julio 2012]

[2] Desarrollando. Diez reglas para comunicar bien. [en línea], < http://formacion.desarrollando.net/cursosFiles/Formacion/Curso_436/NHDP-11-04-md.pdf> [Consulta: 13 julio 2012]

[3] Blay,Antonio (2009). Ser. Curso de psicología de la autorrealización (3 ed.). Barcelona: Ediciones Índigo.

[4] Blay,Antonio (2009). Ser. Curso de psicología de la autorrealización (3 ed.) (p. 386). Barcelona: Ediciones Índigo.

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Acerca de Raúl Tristán

Psicólogo Col. Nº A-03021. Psicoterapeuta
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