Infoxicación: Receta para ciudadanos infoxicados

Infoxicación

infoxicación

06:30 horas. José Luis se levanta de la cama y, apenas entreabriendo los ojos, se dirige al baño. Antes de nada, enciende la radio que les aguarda en coma profundo desde hace horas, sobre la estantería donde permanece asimismo silente la maquinilla de afeitar. Un estertor electrónico se produce al girar la rueda del on-off, exitosa maniobra de reanimación cardiopulmonar que hace regresar a la vida al vetusto aparatejo. El altavoz comienza entonces a vomitar un aluvión de “noticias”, un torrente frenético de “informaciones” que van desde la mera repetición de “novedades” del día anterior, cuando no de la semana pasada, hasta las absurdeces noticiosas de relleno a las que tan acostumbrados estamos ya, que ni nos sorprende encontrarnos con ellas; pasando por los dictados de los partidos políticos y la publicidad. Pedro se afeita, se ducha, se viste, mientras la radio escupe, y escupe, y escupe sus sermones.

06:45 horas. José Luis se prepara el desayuno en la cocina. Bastan unos minutos para calentar un café con leche y bebérselo sin respirar. Sin embargo ha encendido la televisión que se encuentra en la pared, junto al reloj, y ha zapeado por cerca de veinte canales…

07:00 horas. José Luis baja hasta el parking y se monta en el coche. Antes de salir del garaje ya tiene puesta su emisora favorita, la misma que sonaba en el cuarto de baño… Parece que tras media hora las mismas noticias vuelven a repetirse…

07:30 horas. José Luis ha llegado a su trabajo. Tiene por costumbre llegar antes, por si acaso no encuentra aparcamiento, aunque esa es la excusa que se pone a si mismo para tomarse otro café antes de subir a la oficina, y de paso ojear la prensa del día, un rápido vistazo a la nacional, con algo más de detenimiento lee los titulares de la local, y se empapa la deportiva… que será el tema de conversación principal junto a la máquina del café.

07:55 horas. José Luis ya está en su puesto, ha encendido el ordenador y, como le quedan cinco minutos para empezar su jornada laboral, echa un vistazo rápido a los diarios online que guarda en favoritos, para tenerlos a mano. Los cinco minutos se convertirán en veinte, pero el jefe todavía no ha llegado, así que…

A lo largo de la mañana Pedro recibirá varias decenas de mails, atenderá otras tantas llamadas telefónicas, leerá el newsletter de la empresa, y volverá a ojear la prensa online al menor descuido o en cuanto sienta la penetrante punzada del hastío. Mientras tanto habrá leído las novedades de sus amigos en su Facebook y no habrá desatendido su timeline de Twitter… mientras una pila de papeles, informes, comunicados, se forma delante de su vista, creciendo alarmantemente cada día un poco más… y que en poco le ayuda a olvidar los innumerables pósit amarillos, fucsias, verdes, o azules que complementan la decoración de su monitor como si formaran parte intrínseca del mismo ya de fábrica. Camino hacia casa, y ya en ella, el ritual  informativo se repetirá como entrado en un bucle: internet, radio, Tv,… A Pedro le duele la cabeza, y si ahora osase someterse a un examen que versara sobre todo aquello que en teoría ha oído, visto o leído… no lograría aprobarlo, lo suspendería cum laude. Pedro está infoxicado. Pedro, como la inmensa mayoría de todos nosotros se ha convertido en una víctima más de la Infoxicación[1] que, como bien definió Alfons Cornellá, es un neologismo construido en base a dos vocablos, información e intoxicación, y que hace referencia al exceso de información que puede llegar a provocarnos un síndrome ansioso por la incapacidad natural de los seres humanos de procesar y asimilar tanta información como nos es accesible en los tiempos actuales, y a la velocidad a la que ésta se produce.

Esa velocidad y exceso de producción informativa, si se suma a nuestra ineficacia o incapacidad de adaptación a la adecuada gestión de la misma, provoca en nosotros una sensación permanente de ausencia de control de lo que ocurre en el mundo, de lo que sucede a nuestro alrededor, de necesidad imperiosa de continuar informándonos para saber lo que pasa, para no quedarnos atrás, para estar a la última, para no saber menos que los otros… generando una ansiedad de base que contribuirá a minar nuestra salud[2], con efectos cardiovasculares adversos, y por supuesto cognitivos: ese pasar rápidamente por encima de todo nos hace no escuchar, no ver, no sentir, no comprender, no asimilar, no reflexionar… y nuestra memoria se torna perezosa, nuestro intelecto se acostumbra a recibir la información mascada (Come tú mismo la fruta[3]) y eso nos convierte en ciudadanos manipulables, hasta el punto de llegar a creernos todo lo que se nos inocule de forma sutil a través de los medios. Ansiedad, estrés, falta de concentración, memoria cortoplacista, falta de criterio personal y manejo ineficiente de una seudoinformación, que no se traduce en conocimiento válido.

Ante esta situación, no nos cabe otra que convertirnos en expertos gestores del conocimientodenuestro conocimiento, y eso pasa por emplear nuestras propias estrategias de manejo de la información[4] mediante las cuales establezcamos:

1.- qué fuentes de información vamos a consultar

2.- cómo y cuándo; y durante cuánto tiempo (es muy importante establecer un límite temporal diario durante el que informarnos, aconsejable no mayor de 1 hora)

3.- conocer qué tipo de información nos resulta relevante y cuál no (tanto en el ámbito personal como profesional) porque en la primera es en la que voy a invertir mi tiempo,.

4.- establecer un método operativo personal (p.ej. en el caso del correo electrónico nos puede ser de utilidad el conocido método TRAF[5]Tirar, Remitir, Actuar y Archivar; del inglés: Toss, Refer, Act, File)[6]. Debemos buscar el nuestro[7].

En el caso que abría nuestro artículo, a modo de chanza, ¿qué información es realmente relevante para José Luis, de entre todo ese maremágnum informativo invasivo? ¿Apenas el estreno de una película que quiere ir a ver en familia, el resultado del partido de su equipo de fútbol, el tiempo que va a hacer el fin de semana porque quiere salir el domingo al campo con los amigos a hacer una buena chuletada, un nuevo gadget que podría ser adecuado para su empresa, una subasta pública en la que conseguir un chollo de vehículo, etc.?

José Luis ha leído este artículo, y nos ha hecho caso. Ha decidido que está necesitado de una dieta hipoinformativa[8]. Por ello se pone manos a la obra, aunque como toda dieta debe iniciarse progresivamente, para no provocar un rechazo o un efecto rebote, y precisa de fuerza de voluntad para ser mantenida. Decide que desayunar con las no-noticias le resulta indigesto, por lo que a partir de ahora encenderá la radio en una emisora que emita música, o que comience la mañana con humor y no bilis. En el coche conectará su reproductor MP3 en el que tiene almacenado un completo, sencillo y cómodo curso de inglés.

Mientras se toma el café en el bar, echará un vistazo a los diarios impresos disponibles, pero sin sufrirlo que lee. En pocos minutos todos los titulares de las secciones que pueden interesarle estarán leídos. Aunque, quizás, incluso comience a prescindir de esta afición matutina. No necesita perder un tiempo que podría aprovechar en dormir más tiempo, u organizarse la jornada laboral. Una rápida ojeda a la portada de su digital de referencia, en el que sabe que se sirve reflexión y no manipulación, un par de tuits para compartir y… A por el correo electrónico, las llamadas, etc. otra guerra en la que debe mostrarse inflexible: el correo lo consulta un par de veces al día… ¡máximo!; las llamadas suelen ser ladrones de tiempo así que José Luis debe aprender a ir al grano o a cortarlas de raíz. No es broma,cultivar la ignorancia selectiva[9] tiene enormes ventajas… y con todo ello, José Luis se estará trabajando una vida más consciente, más plena, menos estresada. Manejará información a la escala de sus necesidades y posibilidades, será un buen gestor de su propio conocimiento. Estará, por fin,desinfoxicado.

[Nota: Donde se lee José Luis, léase igualmente Isabel, salvo en lo de la maquinilla de afeitar, ¡claro! ]

 

**Artículo publicado en la sección Comunicación de la revista Ley Actual, nº 42, de junio de 2012, distribuida con el diario económico Expansión.

 

[1] Fundéu BBVA. Infoxicación, neologismo adecuado en español [en línea]. [Madrid: Fundéu BBVA], 14 marzo 2012.  <http://www.fundeu.es/recomendaciones-I-infoxicacion-neologismo-adecuado-en-espanol-1279.html> [Consulta: 15 mayo 2012]

[2] Scabuzzo, Claudio. La infoxicación de cada día [en línea]. La terminal, ida y vuelta a la realidad. [Rosario (Argentina): Claudio Scabuzzo], 29 marzo 2011 <http://laterminalrosario.wordpress.com/2011/03/29/la-infoxicacin-de-cada-da/>

[3] En cierta ocasión se quejaba su discípulo al maestro: “Siempre nos cuentas historias, pero nunca nos revelas su significado.
El Maestro le replicó: “¿Te gustaría que alguien te ofreciera fruta y la masticara antes de dártela? Nadie puede descubrir tu propio  significado en tu lugar. Ni siquiera tu maestro. Cuento extraído del libro ”El canto del Pájaro“, de Anthony de Mello

[4] Cornella, Alfons (1999). Cómo sobrevivir a la infoxicación[en línea]: Trascripción de la conferencia del acto de entrega de títulos de los programas de Formación de Posgrado del año académico 1999-2000 <http://www.infonomia.com/img/pdf/sobrevivir_infoxicacion.pdf > [Consulta: 15 may. 2012]

[7] Fernández Oropesa, Carlos. Cinco estrategias para evitar la infoxicación [en línea]. El rincón de Sísifo. Sala de lectura [Sevilla (España): Carlos Fernández Oropesa], 31 de enero de 2011 <http://elrincondesisifo.wordpress.com/2011/01/31/cinco-estrategias-para-evitar-la-infoxicacion/> [Consulta: 15 may. 2012]

[8] Ferriss,Timothy (2010). La semana laboral de 4 horas. No hace falta trabajar más. Olvídate de fichar, vive donde quieras y únete al club de los ricos. Barcelona: RBA Libros S.A.

[9] Ferriss,Timothy (2010). La semana laboral de 4 horas. No hace falta trabajar más. Olvídate de fichar, vive donde quieras y únete al club de los ricos. Barcelona: RBA Libros S.A. [Capítulo 6. La dieta hipoinformativa: cultivar la ignorancia selectiva] y [capítulo 7. Interrumpir las interrupciones y el arte de la negativa]

Acerca de Raúl Tristán

Mentoring & Coaching. Business Development & Management Consulting.
Marcar el Enlace permanente.

Deja un comentario