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El bucle del que hay que salir

Lunes, 3 de Mayo de 2010 Raúl Tristán

Andaba yo este fin de semana pontifical (no por asuntos de iglesia, Dios nos libre, sino por el agradable puente que hemos disfrutado gracias a San Jorge, que no San Jordi, o sea el santo de las borrajas y no el de las rosas…), digo que vagabundeaba entre varios centenares de viejas revistas de índole empresarial o emprendedora, de franquicias y negocios diversos, de cuya existencia me había olvidado incluso, husmeando en pos de recortar algún que otro bombillazo que aplicar y darle de ese modo el paseo al resto del reciclable papel satinado, cuando comenzó a llamarme la atención el grado en que modifica la realidad vaticinada por los gurús de la economía, las finanzas y el business, la perspectiva histórica…

En algunas de aquellas revistas, de los años 2002, 2003,… se hablaba de la crisis reinante, de las incipientes perspectivas de crecimiento, de cómo iban a evolucionar el mercado y el precario empleo… de las medidas que el gobierno pretendía implantar para favorecer la adecuada marcha del trabajo y la insostenible demanda de  las pensiones, de cómo favorecer el trabajo autónomo y la presión fiscal a las empresas… Me pareció estar leyendo unas revistas de plena actualidad, recién salidas de la imprenta y distribuidas a los kioscos, a pesar de llevar 7 u 8 años a cuestas. Una pena, la verdad, porque sentí que los años de vida de un ciudadano se pierden entre el cúmulo de promesas incumplidas de sus políticos, cubiertas por un espeso y pesado manto de temor a los cataclismos (reales o imaginarios) con los que regularmente nos amedrentan con el fin de que no nos liberemos de su dependencia, y que los consideremos necesarios, cuando son del todo PRESCINDIBLES.

Pero aún había más en años posteriores, como 2005 y 2006… En esas magníficas revistas, repletas de informes de encumbrados gurús nacidos de la nada, por generación espontánea autoproclamados sabios, o idolatrados sin saber realmente porqué por las borreguiles masas; y de estudios de prestigiosas consultoras (¡cuán prestigiosa era Arthur Andersen… y hay que ver dónde está!); artículos escritos por expertos universitarios de esos que jamás han pisado la calle, pues no han salido del aula desde el parvulario;  y  entrevistas a reconocidos líderes de las diversas áreas del parné (dícese niños de papá que heredaron fortunas o que cuentan con el respaldo financiero de su familia, pero que pretenden vendernos la farsa hipócrita de que son auténticos self made man; o tiburones explotadores que han levantado sus negocios a golpe de látigo…); digo, que se aconsejaba a inversores y emprendedores, apuntarse al carro del progreso y el futuro en forma de creación de determinadas empresas, o como franquiciado de las mismas: las agencias inmobiliarias que como amanitas venenosas surgieron en las esquinas de las ciudades, pareciendo querer hacer competencia desleal a los bares y tugurios del bebercio: hacía falta estar beodo para entramparse de semejante manera en hipotecas bisnietiles. O las famosas franquicias de empresas de reformas, o las no menos irrisorias (hoy) de gestión de créditos, convertidas ahora en cementerios de morosos e impagados… Todo ello nos parece en estos momentos una broma de mal gusto, que nos hace reflexionar sobre dos aspectos:

1.- En decisiones empresariales, no debemos escuchar las voces de los gurús, expertos y demás canallesca de similar ralea, sino dejarnos guiar por nuestro instinto individual.

2.- Si de verdad queremos ser emprendedores/empresarios, debemos centrarnos en un sector de actividad que nos resulte cómodo, no porque quizás lo conozcamos, sino porque éticamente no choque con nuestros principios, en el sentido de que el lucro por el lucro no satisface sino a la escoria. La calma del espíritu de alcanza cuando sabes que con tu actividad, no solo obtienes unos beneficios económicos notables, sino que además lo haces con una ética, unos principios y unos valores, y reviertes a la sociedad (empezando por tus colaboradores) parte de ese beneficio, en forma de servicios, educación, libertad, igualdad, empelo, etc.

Salgamos de este bucle, no nos dejemos embaucar, es lo que quieren: que dejemos de pensar por nosotros mismos.

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