Haidar y el Sahara que abandonamos
Un reyezuelo del otro lado de las columnas de Hércules aprovechó, años ha, la debilidad de un Estado rojigualdo, al que la agonía y muerte de un dictador convertían en presa fácil, para lanzar una Marcha Verde, que no era sino eufemística denominación del empleo de la población civil como escudo humano, de la forma más ruin que pueda imaginarse, por su total desprecio a la vida humana…
Esa ofensiva civil, dirigida por un monarca autoritario, acabó con las esperanzas de autogobierno de un pueblo, el saharaui, dejado de la mano de sus colonos al albur del marroquí.
Las Naciones Unidas, con su proverbial ineficacia, su probada incompetencia e inutilidad, no han osado jamás poner al moro en su lugar… Claro que a ello han ayudado poco las oscuras maniobras argelinas. Argelia, ese nido de terroristas…
Siendo partidario de la causa saharaui, no comparto la postura de Aminatu Haidar, ni la de aquellos que consideran que un Gobierno debe ceder al chantaje político a través de un arma como lo es la huelga de hambre, una decisión individual, tomada libremente y que solo a la persona que la toma debe incumbir.
