Marcas de pega: Lacostre, Dulce Vagancia, Emporro de Manni, Adías, Yké, TotusTus, Burrerys, Ralauren…
…invaden la noche de los paseos de nuestras costas durante el estío. Uno tras otro se suceden los expositores de emergencia en que se convierten esos pedazos de tela cuadrada, sábanas de colores de puntas anudadas, receptáculos del deseo consumista: gafas, relojes, bikinis y bermudas, polos y camisas, deuvedés y bolsos, joyas y cinturones, perfumes… no hay nada que escape a su voracidad. Lo mismo devoran a Tommy, que a Ralph, que al osito, que al Emporio.
D&G, Lacoste, Burberrys, Adidas, o los últimos estrenos del 7º Arte. Todos, sin excepción, sirven de alimento a la voraz maquinaria que plagia sin cesar. Y, mientras las grandes marcas batallan sin cesar; los comercios protestan; y las fuerzas de orden público ora hacen la vista gorda, ora requisan unos pocos “sacos” y practican alguna simbólica detención; los ciudadanos hacen buen uso del barato servicio, se aprovechan de estas copias de saldo, y en ocasiones hasta se enfrentan a la policía en defensa de los vendedores sin licencia de apertura.
Sí, estamos de acuerdo en que las empresas tienen derecho a defender sus propiedades intelectuales, sus marcas, sus patentes, sus logos… y que debe perseguirse la copia, la falsificación, el plagio. Pero, no es menos cierto que:
- si esas grandes empresas y marcas, vendieran a precios más asequibles, la mayoría de los ciudadanos comprarían originales, y no copias. Pero, claro, en el sobrecoste va implícito el carácter de exclusividad, del “yo llevo esta marca porque me lo puedo permitir”… que es lo que realmente se paga muchas veces, y no una calidad mayor. Si el ciudadano pudiera, por ejemplo, acceder a los discos y películas, a precios más razonables; o pudiera seleccionar determinadas canciones solo… Otra cosa sería.
- Más del 90% de los ciudadanos que compran marcas, o discos, o películas, en el mercado ilegal, no comprarían esos productos en el mercado legal jamás, o tan solo en muy contadas ocasiones. Por lo que realmente, las ventas del mercado negro no afectan al número de ventas del mercado legal, sino que le aportan una mayor publicidad, un márquetin gratuito. Usted puede permitirse pagar 12 euros por el polo de marca que le ofrece el moreno, pero si es un currito de clase media, y medianamente inteligente, no pagará por ese polo la estúpida cifra de 80 euros, por decir una cifra al azar.

