Feria del libro aragonés de Monzón
Ayer estuvimos en la Feria del libro aragonés de Monzón. Una feria que sirve para el grato reencuentro con amigos como Jesús Planas y su novia Ana, que tanto esfuerzo, empeño y trabajo ponen para que este pequeño islote cultural salga adelante año tras año.
O con Joaquín Carbonell y Koipesol, y Fernando Sarría, bailando y cantando las canciones de La Bullonera, nada más llegar al recinto, con el fin de caldear un poco el ambiente. Hablamos de las dificultades del mundo de la cultura en aragón, tierra páramo, y del Encuentro de Belchite que hoy, a las doce del mediodía, como todos los años desde hace diez, emplaza a los creadores aragoneses bajo las ruinas de Belchite Viejo, y les otorga tres minutos de efímera libertad, para expresar lo que deseen. Un idea original de Mariano Gistaín, que representa, como dice Joaquín, un símbolo de rebeldía, de no nos vencerán ni convencerán, de seguiremos creando…
Y saludamos a Manuel Martínez Forega, que desde su Olifante continúa en la brecha, inaccesible al desaliento…
Y a Óscar Sipán, que con su Tropo ha iniciado un camino difícil, pero hermoso, en el que le acompaña Mario de los Santos, creador premiado este año por Monzón…
Y a Mayusta, coplero mayor del reino; y a Roberto Malo, con quien compartimos caseta en Mira…
Y nos alegró volver a ver a Anamari, o a Antonio, dos fieles lectores con quienes me reencuentro en esta Feria, y a los que ya reconozco como “de los miíos”, ¿o quizás debiera decir que soy yo quien les pertenece a ellos?
¡Ah, me gusta Monzón, independientemente de que después firme uno más o menos libros, representa un reencuentro con los amigos, y mantner, contra los elementos, una lucha contra el centralismo zaragozano en Aragón!
