Periodismo independiente
Siglo XXI. La sociedad de la comunicación se ha extendido por doquier cual maraña de fibra óptica dotada de la capacidad de auto fecundarse, de reproducirse ad infinitum. No hay rincón del mundo al que no alcance su poder, no hay pueblo ni tribu que logre escapar a su influjo, no hay mente humana que pueda resistirse a sus embaucadores encantos… o a su maléfico influjo.
Diarios, televisiones, emisoras de radio, páginas web… una progresión imparable. A los ojos de un profano podría parecer que la libertad de prensa ha alcanzado cotas inimaginables y, sin embargo, nada más lejos de la realidad. Libertad de opinión cercenada o comprada, periodistas encarcelados, o sumisos canes de los partidos políticos. Periódicos y emisoras y canales de TV absolutamente vinculados con la clase política, empresarial o con ciertos lobbys, grupos de presión de dudosos intereses o de bastardas intenciones.
¿Es posible otro escenario? ¿Acaso los periodistas y opinadores lo desean? Y los lectores, audiencia o los televidentes, ¿quieren abrir los ojos, expandir sus oídos, flexibilizar su mente, y admitir la diferencia, el disenso, la contraria opinión, la libre expresión? Quizás prefieran seguir embelesados en su engaño, en sus arcaicos esquemas maniqueos.
¿Y muchos jueces y sus amos, los políticos o los famosos de medio pelo? ¿Qué pretenden con sus sentencias, contrarias a la libertad y la verdad?
Todo diario, TV o radio de este país, como los medios de tantos otros, están marcados, cual caballo de cuadra. Poder y dinero caminan de la mano, y con ellos desaparecen derechos y deberes, y las libertades fundamentales de todo ciudadano.
Se impone crear, apoyar y difundir la existencia de medios libres, independientes, osados, neutrales, que no se vean comprometidos por intereses espurios, que no se vendan a grupo alguno, que no se dejen presionar por las maquinarias políticas, que no permitan la manipulación de sus ideales, la tergiversación de la información, la podedumbre y la corrupción.
Independencia absoluta, libertad sin cortapisas. Opinión libre, expresión, información, comunicación.
El ciudadano con un sólido bagaje intelectual y ético, fruto de su formación y/o de su experiencia vital, tiene derecho a la libertad, palabra sagrada tantas veces mancillada.
Quermos una sociedad de individuos, no de borregos, no de cabestros, no de becerros, ovejas y canes fieles. Queremos ciudadanos librepensadores, capaces de juzgar por si mismos, capaces de discernir, capaces de fomentar la tolerancia, capaces de permitir el disenso, capaces de admitir la posibilidad de no tener siempre la razón, capaces de contemplar los distintos puntos de vista con respeto.
Raúl Tristán, director de EL LIBREPENSADOR (http://www.ellibrepensador.com)






