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Iker Jiménez, Cuarto Milenio y fantasía en la Ruta Maya

Por Raúl Tristán • 03/06/08 • Categoría: En la frontera: misterios sin resolver

El pasado domingo Iker Jiménez, en su programa Cuarto Milenio, en la Cuatro, hacía gala del equipo de profesionales y medios de los que dispone para, una vez más, intentar vendernos aire.

Para quien como yo haya recorrido la Ruta Maya, a lo largo y ancho de México y Guatemala, oír hablar de los cultos misteriosos en los alrededores del Lago Atitlán, a Maximón en Santiago, o los secretos rituales que se celebran en la montaña, o penetrar en el templo mismo de la población poniendo extremo cuidado en no derribar al paso alguna de las centenares de velas que en el suelo se alzan, bajo la atenta mirada de esos santos y vírgenes cristianos en grotescos seres transmutados, no resulta sino un sumergirse en el estudio (y disfrute) de otras culturas que, en ocasiones, ofrecen al turista aquello que viene buscando.

Hacer la Ruta Maya ha sido para mi uno de los viajes más impresionantes y fructíferos desde el punto de vista personal y cultural. Recorrer cientos de poblaciones, ascender por los bloques de piedra de vertiginosa empinadura de las pirámides mayas (¿quién, al encontrarse sobre la cúspide de la Pirámide del Adivino, no sintió temor ante el vació que a sus pies se abría a la hora del descenso, y volvía la mirada al horizonte, en busca de ese punto de referencia o apoyo, que no encontraba sino en el astro rey, dado que la selva quedaba aun muy por debajo de la línea de la visión?).

Yo vi a Maximón beber Coca-Cola, y a las piedras de la montaña exhalar el humo mágico, y me asomé a la Tumba de Pacal, y trepé por los riscos agarrado a las lianas para alzarme sobre las pirámides y templos aun inexplorados, enterrados por la vorágine vegetal… y recorrí el mercadillo de Chichicastenango mezclando mi sudor con el de los mayas, en busca de unas hormigas fritas que llevarme a la boca…

Lo siento Iker, pero no hace falta que pretendas insuflar misterio de pacotilla allá donde todo es digno de admirar, de contemplar, de vivir en primera persona. No hace falta que uno de tus secuaces pierda el tiempo jugando con una lagartija, allí donde tanta sabiduría le rodea a uno.

La Ruta Maya es sudor, color y sabor, vida en estado puro y… perdona, pero está en el catálogo de cualquier agencia de viajes. Tu gente no ha hecho nada prohibido, no ha visto nada que nadie le impidiera contemplar, ni han sido osados reporteros. Han sido simples turistones del montón, chato.

Raúl Tristán es Escritor, periodista, consultor, formador...
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One Response »

  1. no se lo que pretendes con esta especie de articulo que no tiene ningun sentido,supongo que nada mas que meterse con un profesional que tiene mucha mas relevancia que tu,si se puede decir asi,puesto que tu no tienes ninguna,en fin este pais es asi,como llamar secuaces y finalizar con chato,solo rezumas envidia chatin.

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