El Ateneo intervenido 1939-1946. Ateneo de Madrid
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El Sueño Igualitario
Novedad editorial
El catálogo de una gran exposición
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La Librería de El Sueño Igualitario
Tlfs. 978 849970 - 686 110069
144 páginas
21 x 24 cm
El Ateneo de Madrid celebró su primer centenario en 1935. Durante los meses de noviembre y diciembre tuvo lugar un ciclo de conferencias que tenían como objeto la puesta al día de la historiografía en torno a la propia institución. Aún se recordaba en la docta casa el discurso, leído, como presidente del Ateneo, el 20 de noviembre de 1930, por Manuel Azaña, y que tituló «Tres generaciones del Ateneo». Al cesar en el cargo, a finales de mayo de 1932, anotará en sus diarios: «Al inaugurar el curso 1930- 1931, hice una conferencia encaminada a explicar al Ateneo lo que el Ateneo ha sido». Esta vocación por profundizar, en la historia de la singular institución madrileña, sin duda la había «heredado» de un antecesor en la presidencia, Rafael María de Labra, por quien siempre sintió gran admiración.
Acosado por los gobernantes del «bienio negro», el Ateneo sufría en aquellos momentos los efectos de la represión sufrida por miles de españoles, entre ellos muchos ateneístas, como consecuencia de la revolución de octubre de 1934 y la rebelión protagonizada por la Generalitat de Cataluña. Ya en agosto de aquel año aciago se había producido un asalto al Ateneo, protagonizado por pistoleros fascistas, que destrozaron una exposición de obras de vanguardia (esculturas, fotos, pinturas) de propaganda contra la guerra y el fascismo, con motivo del vigésimo aniversario de la declaración de guerra de 1914. La policía llegó, sospechosamente, con mucho retraso, y, en vez de intentar detener a los malhechores, se dedicó a cachear a los socios que allí se encontraban. Años después (1943), en plena euforia victoriosa franquista, esta «hazaña» era reivindicada en una historia oficiosa del SEU. Al mes siguiente, cuando aún no habían estallado los graves sucesos que conmocionaron España, la docta casa era objeto de dos registros policiales, en ambos casos infructuosos. Una junta de gobierno, presidida por el catedrático socialista Fernando de los Ríos, se vio obligada a hacer frente a una situación de constante censura, de detención y encarcelamiento de relevantes consocios y de una campaña hostil de la prensa conservadora, que pretendía, una vez más, que las instituciones dejasen de subvencionar las enseñanzas que se impartían, así como el impagable servicio público prestado por la biblioteca.
Una de las peores noticias fue el ingreso en prisión, a bordo de un barco en el puerto de Barcelona, de la figura más emblemática del Ateneo del siglo XX, don Manuel Azaña. Los despachos y salones de Prado 21 volvieron a ser el centro político desde el que se organizó una movilización nacional de solidaridad con el entonces presidente y diputado de Izquierda Republicana. Uno de los actos de afecto para con el ateneísta encarcelado fue la elección de este como presidente de la Sección de Ciencias Morales y Políticas, en las elecciones que para estos cargos tuvieron lugar en noviembre de 1934.
Así pues, aquel centenario, celebrado en el otoño de 1935, suponía también el intento de la vuelta a la normalidad, si bien muchos ateneístas dedicaban sus afanes, en aquellos meses, a la organización de una coalición electoral de centro izquierda, que venciese en las urnas y que restaurase la legalidad republicana de 1931, conculcada por los gobiernos radical-cedistas. No es casual que toda la prensa destacase, con ocasión del multitudinario mitin, protagonizado por Azaña en el campo madrileño de Comillas en octubre de 1935, que había asistido una nutrida representación del Ateneo de Madrid, incluido un pacífico gato de plantilla en la casa. De esa voluntad de vuelta a la normalidad es exponente que Fernando de los Ríos retomase el rito de impartir el discurso de inauguración de curso, y que no había sido cumplido por su antecesor, Miguel de Unamuno, a pesar de ser también catedrático.
Las conferencias programadas tenían por objeto dar a conocer la historia de la institución, sus contribuciones a la ciencia, las artes y las letras, así como ilustrar a las nuevas generaciones con semblanzas de ateneístas ilustres. Acerca de la fundación del Ateneo disertó el ilustre paleógrafo y bibliotecario del Ayuntamiento de Madrid Jenaro Artiles. Entre los biografiados se encontraban destacados ateneístas del siglo XIX: Pi y Margall, Nicolás Salmerón, Salustiano Olózaga, Rafael María de Labra, Espronceda, Julián Sanz del Rio y el duque de Rivas. En el transcurso de las jornadas tuvo lugar la colocación de una placa que recordaba la efeméride, y que fue ubicada en lugar visible, en la escalera que sube a la biblioteca.
Aunque aún queda mucho por hacer, en lo que se refiere a la recuperación de la historia del Ateneo, desde su fundación en 1835 hasta los años de la Guerra Civil, lo cierto es que existen investigaciones solventes que han contribuido a esta tarea, como son las obras de Francisco Villacorta o Antonio Ruiz Salvador. Las jornadas y ediciones que se vienen realizando, desde hace cinco años, en torno a Ateneístas ilustres y Galería de Retratos, gracias al apoyo de las instituciones madrileñas, suponen también una aportación a esta historiografía.
La presente exposición pretende dar a conocer un período oscuro en la vida del Ateneo de Madrid, y que son los años que van desde el final de la Guerra Civil hasta que, finalizada la Segunda Guerra Mundial, con la victoria de las democracias, en pleno aislamiento franquista, el Ateneo de Madrid, hasta entonces ocupado por Falange, recupera su denominación, pero no su independencia, y pasa a convertirse en una entidad cultural controlada férreamente por el aparato de propaganda del régimen. Por entonces muchos de los socios anteriores a 1936 permanecían aún en prisión o en el exilio, y varios centenares habían sucumbido en el campo de batalla o ante los pelotones de fusilamiento. En el mejor de los casos habían sido depurados en sus profesiones, y en sus expedientes aparecía como acusación grave la de haber sido socio de número o directivo del principal centro emisor de lo que los nuevos inquisidores consideraban «ideas disolventes».
La investigación que ha dado lugar a esta muestra ha sido posible gracias a varios meses de trabajo de gran calidad profesional, llevado a cabo por los documentalistas Fernando Sígler y María Jesús Serrano, así como por la encargada de nuestro recién creado archivo histórico, Clara Herrera. Por último, he decir que el origen de esta recuperación de la memoria ateneísta se encuentra en la acogida favorable que tuvo en su día un proyecto presentado ante el Ministerio de la Presidencia, al entender que el Ateneo de Madrid es una víctima más de la represión franquista.
Isabelo Herreros
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