La escritora Almudena Grandes demuestra ser otra de esas almas rencorosas, atormentadas por la desaparición de un negro pasado que pretenden volver a instaurar para mayor gloria de sus odios.(Afirmó en Sevilla que cada mañana “fusilaría” a dos o tres voces que le “sacan de quicio”, ya que “estamos en un país en el que la derecha española recuerda más a la de la II República que a la del franquismo”, donde se vuelve a reclamar el derecho a gobernar “por gracia divina”).
Se une así a la caterva de “bardenes” y Cía., que piensan que “toda República pasada fue mejor”, cuando los que, desde nuestro republicanismo, condenamos el golpe de estado del 36 y los fatídicos 39 años de dictadura posteriores, somos conscientes de que la verdad, no es la que proclaman estos “rojos de pandereta y farándula”, que tanto gustan de los placeres y bondades burguesas.
Al menos, estos inteleprogres no podrán tildarme de fascista, declarándome republicano, de laicidad confesa, y condenador convencido del golpe del 36 y del franquismo. Y liberal.
¿Qué responderán, entonces, si les pregunto qué les parecía la II República?, ¿un dechado de virtudes? No nos engañemos. La II República sumió, desde el 34, si no antes, a la nación entera en una crisis de la cual se hacía imposible salir: el PSOE de Largo Caballero (“el Lenin español”), se hallaba tan radicalizado como el Partido Radical de Lerroux y su reaccionarismo.
Si a ello sumamos la deriva hacia una extrema derecha representada por Gil Robles (CEDA) o Calvo Sotelo (Bloque Nacional), y una extrema izquierda, que se hacía patente en la división interna de las izquierdas: Besteiro contra Largo, tensiones entre CNT, BOC, UGT, PCE, Alianza Obrera… Planificación de “golpes de Estado” por la izquierda, o eufemísticamente “movimiento revolucionario“, tenemos una situación que ya en el 34 se hace insostenible.
Ni derechas ni izquierdas supieron ni quisieron sacar adelante una República madura y con sentido común. Prefirieron enzarzarse en disputas, revoluciones y levantamientos, hasta que lograron su objetivo final: enfrentar a los españoles en las calles, en los pueblos y en las trincheras, como se enfrentaban los políticos de marras en el Parlamento.
Unos políticos incompetentes que abocaron al país al enfrentamiento armado.
Y ahora, la señora Grandes escupe odio por su boca, rencor y basura como la que nuestro Presidente del Gobierno inocula en cada español con inquina. Con asesinos en potencia semejantes, ¿qué se puede esperar de la “progresía desilustrada” que nos apabulla y avasalla con sus sandeces, censuras, intervencionismo, amenazas veladas y subvenciones y apoyo a los amigotes?
Hala, señora Grandes, que a lo mejor le dan el año que viene, como a la Bardem éste, el Premio de los Derechos Humanos del Ayto. de San Sebastián.
¡Manda… con la progresía intelectualoide!
P.S.:
¿dónde está toda esa progresía pacifista ahora, tras unas declaraciones fascistoides, asesinas, criminaless, que merecen el mayor de los desprecios y condenas?, ¿dónde las pancartas, las manifestaciones de repulsa? ¿dónde se esconde el talante?
Cada mañana fusilaría a dos o tres voces que me sacan de quicio… parece que dijo la demócrata. ¡Qué barbaridad, qué obscenidad, qué atentado contra la razón! Una muestra más de lo que son: intolerantes y dictadores.