La viga caída del cielo
Casi 100 toneladas de hierro y hormigón.
Un susto, por suerte no una desgracia. Pero podía haberlo sido.
Una gran viga, apenas si colocada sobre las vías para cubrir éstas, se desplomó de madrugada. Tan sólo retrasos en trenes, ni muertos ni heridos.
Aún tenemos que dar gracias.
Pero deben exigirse responsabilidades, el asunto no debe caer en el olvido por el mero hecho de no haber pasado “nada”.
Una viga nueva, recién instalada, no se colapsa, no se parte como una rama seca, por soportar tan sólo su propio peso apoyado sobre sus extremos, sin ser sometida a esfuerzo cortante alguno, a no ser que existan defectos estructurales constructivos o de una calidad de los materiales no acorde a lo exigido (todavía puedo recordar los gráficos y dibujos de fuerzas, de flechas, de las asignaturas de estructuras metálicas y hormigón armado de mi primigenia y acabada carrera).
¿Qué hubiera podido ocurrir si esa viga hubiera “resistido” hasta romper en otro momento menos propicio?
Esa es la pregunta que deben hacerse las autoridades a la hora de exigir responsabilidades.
