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Vacas voladoras y cisnes mareados

Viernes, 17 de Febrero de 2006 Raúl Tristán

Europa tiene miedo. Miedo a los gansos y a los cisnes, a grullas y patos, a cigüeñas y palomas.
Europa ya no es virgen, pues el temible virus ya ha penetrado en ella. Cuando Turquía fue atacada, la cosa comenzaba a estar clara, pues Turquía ya ha sido puerta de acceso a Europa antes de ahora.

Italia, Grecia, el salto a Africa… y con éste último más cerca de España, ese pedúnculo adherido a Europa a última hora con cola de carpintero…

La gripe aviaria nos asalta en sueños…¿o no?. Las autoridades sanitarias hablan de calma y sosiego, tratan de evitar la alarma social, dicen, ellos, que todo está controlado, que “no problem”, que “no pasa ná”.

Pero el españolito de a pie, se mi amigo y compañero de columna, no duerme tranquilo. Y es que para muchos ciudadanos, el pollo, nuestro pollo, es el animal de mesa alado más socorrido, más imprescindible, más necesario, por precio, por comodidad, por disponibilidad, por variedad de formas de consumo, … Vamos, que los españoles podríamos vivir a base de comer de pollo y cerdo sin problemas, y más tras la ya casi olvidada “catástrofe de la enfermedad de las vacas locas”, la EEB (encefalopatía espongiforme bovina).

Sí, ya sabemos que las consecuencias de aquel fallo en la seguridad alimentaria aún colean, que siguen apareciendo casos esporádicos, y que hasta dentro de muchos años no podremos conocer el verdadero alcance de la misma pero, de eso a la alarma social que se generó… hay mucho trecho. ¿Quién no se imaginó afectado, de un día para otro, por la variante humana de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob?.

Fue precisamente con esta crisis alimentaria que un leonés, afincado en Zaragoza, llamado Juan José Badiola, convertido en director del Centro Nacional de Referencia de las Encefalopatías Espongiformes Transmisibles, entró en todas nuestras casas para tranquilizar a la población, a la vez que colaboraba con las autoridades sanitarias para lograr un mayor control y una resolución adecuada a la crisis suscitada.

Hoy, cuando quien más quien menos, sigue tomándose su filete de ternera a la plancha con guarnición, despreocupado, seguro de que alguien ahí afuera vela por nosotros, una nueva amenaza que creíamos restringida, al menos por bastante tiempo a Asia, se nos aparece ya ante portem: la gripe aviaria… y de nuevo, el hombre científico viene en nuestro auxilio.

Badiola ha dejado clara la gravedad del problema, pero también ha tranquilizado a la población, y para mi, su palabra de científico, bien vale mi confianza, lo que quiere decir que seguiremos atentos a todo aquello que tenga a bien informarnos.

(Publicado el Jueves 16 de febrero de 2006, en mi columna “Punto Crítico” en “Diario Siglo XXI“)

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