Gran Teatro Fleta: un atisbo de esperanza.
¿Alguien se siente capaz de recordar cuándo fue la última vez que entró en el Fleta, a disfrutar de sus instalaciones?. Yo sí que se lo puedo decir con total exactitud: un 25 de febrero de 1994, con motivo de la representación de “Il Trovatore”, de Verdi, ocupando dos butacas de entresuelo (entrando por la puerta F, las nº 17 y 18 de la fila 14). Conservo entre mis recuerdos las entradas y el programa…
Por entonces ya creíamos algunos que el Fleta se iba a convertir en la Ópera de Zaragoza. El tiempo, unas obras infernales y el cúmulo interminable de despropósitos, se han encargado de quitarnos la razón, de asesinar nuestra ilusión.
Hoy, la fantasmagórica silueta del esqueleto del Fleta, se nos antoja una irrisoria imágen de lo que fue. Ya nada será igual.
Sin embargo, el acuerdo al que el Gobierno de Aragón y la SGAE han llegado, supone para mi un atisbo de esperanza en el triste devenir de este singular edificio de nuestra city.
Bien, por fin, por el Gobierno de Aragón, y bien por la SGAE, esa por muchos denostada institución a la que en este particular caso debemos agradecer su inprescindible colaboración, porque al fin y al cabo, hasta ahora nadie más ha movido ficha en este controvertido asunto.
