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Archivo para Enero, 2006

Que no cobren sueldo español

Martes, 31 de Enero de 2006 Raúl Tristán Comments off

Lo del individuo ese que dice llamarse Pepe Rubianes, nos ha dejado sin palabras (sobre todo porque de catalán tiene lo que yo), pero que la Otero salga en su defensa, eso es ya para pensarse muy bien en dónde tenemos que darles de comer a esta pandilla de desagradecidos…
Al final, a todos estos advenedizos acaba viéndoseles el plumero, por más que vayan de “normales integrados”.
Tal vez haya que reunirlos a todos juntitos en su Catalunya e invitarles a que no salgan de ahí, lo que significa que no queremos verles la jeta en programas televisivos o teatros nacionales ni escucharles en emisoras que emitan en todo el territorio español.

Otero, olvídate de las cerezas que son de TVE (de España y los españoles), y dedícate a otras frutas, seguro que en Lérida te ofrecen un buen puesto a cambio de propagandismo pancatalanista y de expolio de obras de arte… Aunque, perdona, tú también eres gallega, como el Rubianes, ¿no?.

Chávez: más de lo mismo

Martes, 31 de Enero de 2006 Raúl Tristán Comments off

Para los defensores del “demócrata”… aquí.

Asesinos con uniforme

Martes, 31 de Enero de 2006 Raúl Tristán Comments off

En Rusia es mejor no vestir el uniforme, los criminales campan a sus anchas dentro del ejército, las mal llamadas novatadas acaban destruyendo la vida de un soldado: piernas y testículos amputados, pero como dice Alsina, en La Brújula de Onda Cero, ¿a quién le importa esta noticia?

Ciuraneta: el obispo poseso

Domingo, 29 de Enero de 2006 Raúl Tristán Comments off

El obispo Ciuraneta está poseído. Un ser demoníaco se ha hecho con su alma y la ha corrompido.
El obispo Ciuraneta, en su alienación, cree que la dignidad eclesial que ostenta le otorga el derecho de apropiarse, a título personal, de los bienes pertenecientes a la Santa Madre Iglesia a la que representa. Y ésta, en palabras vaticanas, ha dicho que los bienes, robados a la Diócesis de Barbastro-Monzón por la de Lérida, deben de ser devueltos a tierras aragonesas.
Pero Ciuraneta, con su espíritu corrupto por al afán de riquezas, hace caso omiso al sucesor de Pedro, obvia los mandatos de Roma, se erige en rebelde a Dios.
Tal vez, la única forma de que el obispo Ciuraneta regrese a su cuerpo sea un buen exorcismo. deberíamos llamar al padre Fortea, que de cuestiones infernales sabe los suyo…
Y si ni por esas, siempre cabe excomulgar al subversivo y desobediente obispo, que se niega a acatar las órdenes recibidas de sus superiores espirituales…
Elija usted, señor obispo, ¿exorcismo o excomunión?

La España de la desigualdad

Viernes, 27 de Enero de 2006 Raúl Tristán Comments off

Está hecho, no hay vuelta atrás, el Estatut toma visos de hacerse pronta realidad, y con él, lo que algunos tememos: España hará más profundo el pozo de la desigualdad entre las diferentes Comunidades y Ciudades Autónomas que la conforman.
Durante todos estos años de democracia, a nadie se le ha escapado a la observación que ésta no trajo la igualdad de todos para con todos. Siempre han existido ciudades, regiones, provincias, comarcas o como se les quiera denominar a ciertos territorios de diferente entidad administrativa, demarcativa o poblacional que han gozado de prebendas que a otros les estaban vetados.

Es lógico suponer que la desigualdad existe y existirá por siempre.
El problema no es en sí esa desigualdad, condición inherente a toda obra humana, el problema surge cuando la diferencia se convierte en un agravio comparativo consensuado y rubricado, producto de pactos políticos que devienen leyes, y cuando el Estado se ata a sí mismo las manos para impedirse actuar ante tamaña aberración.

El País Vasco y Navarra gozan, desde tiempo inmemorial, de privilegios consentidos por el resto de españoles, que ya los quisieran para sí. Por más que se diga y que se remita a fueros y a medievales leyes, es una flagrante injusticia, admitida sin pudor, que ha puesto en desventaja a comunidades limítrofes como pueden ser la riojana o la aragonesa.

Así pues, hemos partido, desde nuestros democráticos inicios, de una situación anómala, una posición de amplias tragaderas con determinadas regiones que no admitían asimilarse a las demás en términos de igualdad, sino estar por encima de ellas.

Desde ese punto de partida, no puede jamás construirse un Estado. Sin embargo, en aras de la estabilidad, de la paz, del ideal de construir una Nación, “los de siempre” han consentido, han cedido ante esas ínfulas de superioridad de algunos y han firmado con su propia mano su sentencia de muerte, condenándose a ser, de por vida, los paganos de esta Nación.

Durante años, los territorios ricos han ido recibiendo cada vez más del Estado, incluso han llegado a hacerlo de Europa. Han absorbido para sí inversiones millonarias en infraestructuras, en comunicaciones, en servicios, en industria, y hasta en mano de obra, huida de sus orígenes y a sus pujantes ciudades emigrada. La desigualdad estaba servida con premeditación y alevosía, y la brecha interregional se ha ido haciendo cada día más grande.

Desde el centralismo, lo único que se ha hecho ha sido proceder al reparto, más o menos adecuado, de ciertos ingresos estatales, en un intento de equilibrar esa balanza injusta. De poco ha servido, pero menos es nada.

Y ahora viene el Estatut, a poner la piedra de toque a esta terrible desigualdad.

Poco se ha dicho durante todo el debate del mismo qué es lo que Cataluña debería reintegrar al Estado como compensación a las inversiones hechas por éste en aquella. No, todo se reduce a determinar cuánto le va a quitar Cataluña al “fondo común”, porque claro, están en su derecho, son ellos los que más aportan, y bla, bla, bla…

Y dentro de poco, a Cataluña le seguirán Madrid, Baleares, la Comunidad Valenciana,… de modo que, aquellos que por su situación geoestratégica y su devenir, más han recibido, van a ser los que deseen romper la baraja de la solidaridad intraestatal, sin querer acordarse ni por asomo de su deuda para con los demás y, seamos serios, en el fondo, lo que poseen no es suyo, es patrimonio de todos los españoles.

Tal vez España no se esté desmembrando, como algunos auguran, pero lo que sí lo está haciendo es la legalidad establecida que aseguraba (o lo intentaba, al menos) a todos los españoles igualdad de oportunidades, igualdad de trato sanitario, igualdad de pensiones y de un sinfín largo de enumerar.

Sí, ya lo sé, sé que no es lo mismo ser policía nacional en Sevilla, que mosso d´esquadra en Barcelona: seguro que el mosso cobra muchísimo más. Tampoco es lo mismo ser profesor en Teruel que en Pamplona. Las desigualdades en el empleo, en la sanidad, y en otra serie de términos, existen ya, lamentablemente.

El problema dramático que se plantea ahora es que esa desigualdad no va a poder frenarla el Estado, y cada vez va a ir a más. En Cataluña y el País Vasco ya hay discriminación del castellanoparlante, algo que jamás debería de haberse permitido.

Si ahora ya no es lo mismo “ser catalán” que “ser extremeño” (y lo entrecomillo porque ¿qué es lo que hace a uno ser catalán?: ¿el hablar catalán?, ¿el vivir en Cataluña?, ¿el haber nacido allí?, ¿la sangre de sus antepasados?…), dentro de poco esto va a ser aun peor. Tiempo al tiempo.

El Estado ha arrojado la toalla, las regiones ricas ganan la batalla, las pobres se condenan para siempre. Tal vez sea eso lo que se busque, que las pobres terminen por claudicar y soliciten a las poderosas integrarse en su territorio… algún día.

Somos españoles antes que gallegos, aragoneses, extremeños, andaluces o catalanes, porque sólo la pertenencia a ese ente superior que es el Estado, la Nación española, puede asegurarnos un futuro común de igualdad y de solidaridad. O eso pensaba yo, pues hasta esa esperanza están echándola abajo…

(Publicado el jueves 26 de enero de 2006 en mi columna “Punto Crítico” de Diario Siglo XXI)

Gran Teatro Fleta: un atisbo de esperanza.

Jueves, 26 de Enero de 2006 Raúl Tristán Comments off

¿Alguien se siente capaz de recordar cuándo fue la última vez que entró en el Fleta, a disfrutar de sus instalaciones?. Yo sí que se lo puedo decir con total exactitud: un 25 de febrero de 1994, con motivo de la representación de “Il Trovatore”, de Verdi, ocupando dos butacas de entresuelo (entrando por la puerta F, las nº 17 y 18 de la fila 14). Conservo entre mis recuerdos las entradas y el programa…

Por entonces ya creíamos algunos que el Fleta se iba a convertir en la Ópera de Zaragoza. El tiempo, unas obras infernales y el cúmulo interminable de despropósitos, se han encargado de quitarnos la razón, de asesinar nuestra ilusión.

Hoy, la fantasmagórica silueta del esqueleto del Fleta, se nos antoja una irrisoria imágen de lo que fue. Ya nada será igual.

Sin embargo, el acuerdo al que el Gobierno de Aragón y la SGAE han llegado, supone para mi un atisbo de esperanza en el triste devenir de este singular edificio de nuestra city.

Bien, por fin, por el Gobierno de Aragón, y bien por la SGAE, esa por muchos denostada institución a la que en este particular caso debemos agradecer su inprescindible colaboración, porque al fin y al cabo, hasta ahora nadie más ha movido ficha en este controvertido asunto.

La cigarra y la hormiga

Jueves, 26 de Enero de 2006 Raúl Tristán Comments off

Todos aquellos que provenimos de sistemas educativos o de enseñanza anteriores a las monstruosidades a las que desde hace unos años nos tienen acostumbrados nuestros legisladores, hemos oído hablar, incluso hemos leído y disfrutado con fruición, de las fábulas de Samaniego, Esopo, Fedro, La Fontaine…

Otrora, era costumbre aprender los comportamientos adecuados o inadecuados en la vida a través de las fábulas con sus consabidas “moralejas”, de los cuentos o del refranero popular; de la misma manera metafórica, sencilla y meridiana con la que Jesús instruía a sus discípulos, a través de las parábolas.

Hoy, ea función parece cumplirla, desgraciadamente, la publicidad, de manera que los spots, televisivos fundamentalmente, son los instrumentos que emplea el poder financiero para guiar nuestros gustos, establecer nuestras normas, determinar nuestro comportamiento.

Como les decía, volviendo a retomar a mi viejo amigo La Fontaine, éste nos muestra en su célebre fábula de “La cigarra y la hormiga”, cual debe de ser el camino a seguir para sobrevivir y alcanzar el éxito: el trabajo duro, la previsión, el orden, … reproduzco aquí la fábula para aquellos posibles lectores jóvenes, que de la misma sólo conozcan el título, o aún ni eso:

Cantó la cigarra durante todo el verano, retozó y descansó, y se ufanó de su arte, y al llegar el invierno se encontró sin nada: ni una mosca, ni un gusano.
Fue entonces a llorar su hambre a la hormiga vecina, pidiéndole que le prestara de su grano hasta la llegada de la próxima estación.
- Te pagaré la deuda con sus intereses; – le dijo – antes de la cosecha, te doy mi palabra.
Mas la hormiga no es nada generosa, y este es su menor defecto. Y le preguntó a la cigarra:
- ¿ Qué hacías tú cuando el tiempo era cálido y bello ?
- Cantaba noche y día libremente – respondió la despreocupada cigarra.
- ¿ Conque cantabas ? ¡ Me gusta tu frescura ! Pues entonces ponte ahora a bailar, amiga mía.

No pases tu tiempo dedicado sólo al placer. Trabaja, y guarda de tu cosecha para los momentos de escasez.

El caso es que, y a este punto es al que realmente quería llegar, no sé si se habrán fijado en un anuncio de televisión, de una conocida marca de coches, en el que aparecen dos jóvenes. Del primero, se dice que pasó su tiempo estudiando, luego entró a trabajar en una multinacional, sacrificándose, trabajando duro, para al final conseguir comprarse el coche de sus sueños. Del segundo, se dice que, mientras el anterior se dejaba los sesos y la piel en el camino, éste se dedicaba a vivir la vida, de concierto en concierto y etc… pero, y esto es lo peor, que se quiso comprar su soñado coche… y lo hizo también, pues el anuncio exhorta de forma muy clara: cómpratelo ahora y no te preocupes de cómo lo vas a pagar.

La fábula de la cigarra y la hormiga… al revés. El mundo cabeza abajo. Esto es lo que estamos enseñando a las generaciones que siguen nuestros pasos…

Lo triste de la historia, es que aquí pueden verlo, se regodean de lo que les cuento.

(Publicado el martes 24 de enero de 2006 en mi columna “Punto Crítico” de Diario Siglo XXI)