Carroñeros del corazón

Domingo, 29 de Mayo de 2005 Raúl Tristán

“Sólo hay una cosa en el mundo peor que estar en boca de los demás, y es no estar en boca de nadie”.

(Oscar Wilde)

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Esta máxima del célebre escritor, es la que debe regir en las mentes de todos aquellos desperdicios impersonales, cuentistas sin fin, basura ambulante, seres informes, descerebrados aulladores, que del día a la noche pasan del más absoluto de los anonimatos, o de la cierta y moderada fama, a invadir nuestros hogares con sus purulentos exabruptos televisivos, con el minucioso relato público de los pormenores diarios de sus asquerosas y repelentes vidas, con la aireación de sus más innobles, bajos y ruines afectos, vicios y defectos.

Resulta de todo punto imposible huir. Desde el momento en que alguno de nosotros osa apretar el botón que pone en marcha la máquina tragacerebros, todo está perdido. No hay zapping que valga. No al menos a las horas normales, en las que uno puede tumbarse por un rato frente al televisor, esa trituradora de mentes carente de piedad alguna. Otra cosa es si se opta por pasarse la noche en vela, aguardando la aparición, casi que milagrosa, si uno creyera en los milagros, y no los del pseudosanto polaco precisamente, Q.E.P.D.

Sin embargo mis entrañas se rebelan, aun a sabiendas de que toda lucha es baldía.

Salsa Rosa; ¿Dónde estás, corazón?; A tu lado; Cada día; Ana Rosa; Crónicas Marcianas (el que puso el nombrecito a este programa debería indemnizar a quien tenga los derechos de la obra homónima de Ray Bradbury, aunque quizás el pobre nunca llegó a leer ni las tapas de la misma…); …

El inspector Garret, de Climas Morales, llega a Marte, habla con Stendahl …

- Usted nos dio mucho que hacer, señor Stendahl. Consta en nuestros registros. Hace veinte años. En la Tierra. Usted y su biblioteca.

- Sí, yo y mi biblioteca. Y unos pocos más como yo.

Oh, nadie se acordaba de Poe, de Oz y de los otros. pero yo tenía mi pequeño refugio. Unos pocos ciudadanos conservamos nuestras bibliotecas algún tiempo…

(extractado del libro de Ray Bradbury, Crónicas Marcianas)

Los “¿programas?” basados en la podedumbre vital de esos ya cientos de cadáveres mediáticos se multiplican de forma exponencial; al igual que las cifras y sumas de euros que cobran por su generosidad al mostrar al pueblo llano tan elevadas cotas de sabiduría, de humanidad, de cultura… Pero no sólo ellos tienen la culpa, también la tienen aquellos periodistas garrapatas que han olvidado y enterrado su código de conducta profesional, vendiéndose vilmente, y que ven cómo su caché se dispara cuanta más basura remueven o pactan vender a hurtadillas con estos nuevos “héroes de la sociedad actual”. Y también las cadenas de TV, que en lugar de intentar cambiar el rumbo de este barco que a la deriva se desplaza hacia un incierto final, quizás el de sumergir a esta sociedad en el Mar de los Sargazos, pugnan entre sí por el share, y alimentan con anabolizantes y hormonas del crecimiento a un monstruo que amenaza ya con aplastar para siempre a la Conciencia y a la Cultura.

Mientras muchos jóvenes se despellejan las manos trabajando, o intentando “amueblar” sus cerebros; mientras nuestros padres y abuelos tuvieron que luchar, y luchan todavía, a brazo partido por ganarse un pan, que en algunas ocasiones han tenido que ir a buscar fuera de sus pueblos, ciudades e incluso país, una caterva de indocumentados parias, vagos y maleantes, sin oficio ni beneficio, cucarachas infectas, se pasea por delante de nuestra vista alardeando de sus lujosos coches y mansiones, de su elevado tren de vida, de sus fiestas y de sus conquistas sexuales.

Sueldos astronómicos que jamás estarán al alcance del trabajo honrado.

Y lo peor de todo: ésta gentuza constituye el nuevo modelo a imitar.

Son los ídolos de hoy, ídolos de inmundicia no reciclable.

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